La crisis que atraviesa la empresa FATE volvió a poner en primer plano una discusión de fondo que excede a una firma puntual, a un conflicto sindical o a una coyuntura específica. Para el economista Valeriano Colque, lo que ocurre es la consecuencia directa de un cambio estructural del modelo económico, cuyos efectos comienzan a sentirse en sectores que durante décadas funcionaron protegidos de la competencia.
“Argentina fue el país más cerrado del mundo”, explicó Valeriano Colque. “Importábamos apenas el 13% de los productos, mientras Brasil importaba el 25% y otros países mucho más”. Ese dato, aparentemente técnico, es el punto de partida para entender por qué hoy algunas empresas no logran sostenerse.
Según el economista, el cierre de la economía generó hábitos difíciles de revertir. “Cuando sos un país cerrado, las empresas no vendían lo que querían ni al precio que querían, pero como no había competencia, nosotros pagábamos lo que nos pedían”. Ese esquema, sostuvo, permitió durante años márgenes de rentabilidad elevados, sin incentivos reales a modernizarse o a bajar costos.
El impacto de la apertura
El escenario cambió. Y lo hizo de manera abrupta. “Al abrir las importaciones, ese margen tiene que bajar para ser competitivo”, señaló Colque en Interactiva Noticias, al tiempo que advirtió que no todas las empresas están en condiciones de adaptarse a esa nueva lógica.
En ese marco, FATE aparece como un ejemplo, pero no como una excepción. “Esto ya le pasó a FATE en 2018, cuando no podía pagar los sueldos y tenía presión sindical. Es algo que vuelve a repetirse”, recordó. A diferencia de otras firmas del sector, explicó, FATE tuvo históricamente un perfil más ligado al Estado: “Siempre fue proveedor del Estado, el que vendía cubiertas para lo que necesitaba el sector público”. Las multinacionales, en cambio, abastecen a terminales automotrices y operan con otra escala y otro respaldo.
Para Colque, el problema no es ideológico ni coyuntural, sino económico. “Hoy la gente va al supermercado, ve un producto caro y no lo compra. Se va a una segunda marca o directamente no compra”. Ese cambio en el consumo también impacta en la industria. “Si una cubierta vale un 30% más que otra importada, la gente va a buscar la más barata”.
Reconversión o crisis
El economista fue claro: la apertura trae consecuencias. “Todas las reconversiones que se han producido en el mundo traen sus consecuencias”, dijo, y apeló a un ejemplo internacional para ilustrar su punto. “España era un gran productor agropecuario y quiso hacer trajes para exportar, pero no podía competir con Italia. Entonces decidió hacer lo que sabía hacer bien y con eso comprar productos de mejor calidad afuera”.
Ese, sostuvo, es el camino que Argentina intenta recorrer. Pero con una condición: que el Estado acompañe el proceso. “No alcanza con abrir la economía si no se hacen reformas estructurales que alivianen a las empresas”, advirtió.
El peso de los impuestos
Uno de los tramos más duros de su análisis estuvo dedicado al sistema impositivo, especialmente en provincias y municipios. “El impuesto a los Ingresos Brutos es totalmente regresivo y acumulativo”, afirmó. Y lo comparó con el IVA: “El IVA es regresivo porque todos pagan el 21%, pero Ingresos Brutos se va sumando en cada etapa y terminás pagando casi un 25%”.
A eso se suman las tasas municipales. “Vos mirás una boleta de luz y pagás hasta tres veces tasas municipales”, señaló. Y aportó un dato personal que grafica la situación: “A mí me subieron un 81% las tasas municipales, con una inflación del 31,4%. Yo soy jubilado, ¿me subieron la jubilación un 81%? No”.
Ese desfasaje, explicó, termina trasladándose a los precios. “Las empresas pagan impuestos muy altos, entonces bajan el precio y aun así no pueden competir”. El resultado es un círculo vicioso que asfixia la producción local.
Un problema que puede repetirse
Colque advirtió que lo ocurrido con FATE puede replicarse en otros sectores, como el textil. “En Argentina comprábamos ropa carísima, mientras había talleres clandestinos donde la gente trabajaba y dormía en condiciones indignas”. Ese modelo, dijo, también empieza a desarmarse con la competencia externa.
Los números acompañan su diagnóstico. “En 2012 había 118 mil asalariados registrados en el sector textil y más de 200 mil no registrados”, recordó, citando datos oficiales. “Eso lo vimos todos cuando caían los talleres clandestinos en la televisión”.
Un debate que recién empieza
Lejos de minimizar el impacto social de estos procesos, el economista reconoció la preocupación que generan. “Cuando una empresa de esta magnitud entra en crisis, claro que preocupa”, afirmó. Pero insistió en que el debate debe darse con honestidad. “Hoy estamos pagando las consecuencias de no habernos actualizado antes”.
Para Colque, el desafío es integral: reducir gastos para poder bajar impuestos, tanto a nivel nacional como provincial y municipal. “Si querés bajar impuestos, tenés que bajar gastos. Si no, ¿con qué financiás el Estado?”, planteó.
La crisis de FATE, entonces, aparece como una advertencia. No sobre una empresa en particular, sino sobre un modelo que se agota. En palabras del propio economista, no es un caso aislado, sino el reflejo de una economía que empieza a ajustarse a reglas que el mundo aplica desde hace décadas.







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