En Salta, las fiestas llegan con luces, ruido y multitudes. Y también con la decisión del Gobierno provincial de intentar que el movimiento propio de diciembre no se convierta en un terreno fértil para delitos, accidentes o incidentes evitables. Con ese objetivo, ya está en marcha el Operativo Fin de Año Seguro, un despliegue que combina refuerzos policiales, controles específicos y presencia estatal en puntos neurálgicos hasta el 7 de enero de 2026.
El Ministerio de Seguridad busca mostrar músculo, pero también coordinación. Distintas áreas de la Policía se distribuyen en los 14 Distritos de Prevención, donde los patrullajes se intensifican en corredores comerciales, gastronómicos, bancarios y turísticos. Son los lugares donde más se siente diciembre: donde hay aglomeraciones, hay riesgos. Y donde hay riesgos, la ausencia del Estado siempre se paga caro.
Uno de los focos principales vuelve a ser la pirotecnia sonora, prohibida en Salta por la Ley 8340. Los controles se multiplican en locales de venta formal y también en puntos del interior donde históricamente la normativa se cumple a medias. En paralelo, los operativos alcanzan a los comercios de expendio de bebidas alcohólicas, un sector que suele tensionarse con las celebraciones de fin de año y que demanda vigilancia constante.
En las rutas, la Policía Vial redobla su presencia con controles fijos y móviles. Desde la implementación de la Ley de Tolerancia Cero Alcohol en 2014, el mensaje es claro: ningún conductor puede circular con alcohol en sangre. Sin embargo, las estadísticas anuales demuestran que diciembre sigue siendo un mes crítico. Por eso, la estrategia no solo apunta a sancionar, sino a generar disuasión: patrulleros visibles, puestos sorpresivos y pruebas permanentes.
El operativo se apoya, además, en el sistema de videovigilancia provincial, que articula en tiempo real la respuesta policial mediante el monitoreo de cámaras distribuidas en zonas urbanas y suburbanas. La tecnología, cuando funciona, ordena. Cuando no, deja expuestas fallas que terminan siendo más visibles en épocas de alta circulación.
La apuesta es ambiciosa: un diciembre sin incidentes graves. Pero la experiencia muestra que los controles, por sí solos, no alcanzan. La seguridad también depende de la conducta ciudadana, la responsabilidad al volante, el uso moderado de pirotecnia y el respeto a la normativa. El Estado puede prevenir, pero la comunidad debe acompañar.
El Fin de Año Seguro no es solo un operativo: es un termómetro de cuánto hemos aprendido como sociedad y de cuánto estamos dispuestos a sostener ese aprendizaje en el tiempo.







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