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Una vecina confirma: Jimena buscaba al dueño de un perro señuelo antes de ser asesinada

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Durante la quinta jornada del juicio por el brutal asesinato de Jimena Beatriz Salas, se escucharon los testimonios de tres vecinos del barrio San Nicolás (Vaqueros), donde vivía la víctima. Uno de ellos podría ser clave para reconstruir los momentos previos al crimen cometido el 27 de enero de 2017, un femicidio que sacudió a Salta y que, ocho años después, aún busca justicia.

La primera testigo en declarar fue una mujer que vivía sobre calle Las Virginias, cerca del domicilio de Jimena. Recordó que ese viernes caluroso, pasado el mediodía, la joven madre se presentó en su casa cargando un caniche gris, con collar rojo y correa, mientras llevaba de la mano a una de sus hijas pequeñas.

Jimena, según relató la vecina, le preguntó si el animal era suyo y le comentó que casi había sido atropellado. “Se lo llevó un chico”, le dijo, mientras miraba hacia la calle. Al recibir una respuesta negativa, la víctima le explicó que iba a publicar el aviso en los grupos de vecinos del barrio para dar con el dueño. Esa fue la última vez que esta testigo la vio con vida.

Poco tiempo después, escuchó un grito desgarrador. Al mirar por el portón de su casa, vio al esposo de Jimena agarrándose la cabeza, en shock. En ese momento, pensó que alguna de las niñas había sufrido un accidente. Luego, llegaron la ambulancia y la policía. La noticia era mucho peor.

Cuando en la audiencia se le mostraron las fotos del perro obtenidas del celular de Jimena y de la cuenta de Google de uno de los acusados, la mujer fue contundente: era el mismo caniche que la víctima llevaba ese día.

Gritos y un barrio en silencio

La segunda testigo en declarar fue una vecina del pasaje donde se encontraba el ingreso principal de la casa de Jimena. Estaba en la pileta de lavar, con el portón abierto, cuando observó que un auto grande, de vidrios polarizados, ingresó parcialmente en su propiedad para maniobrar y salir hacia la calle Las Virginias. Aunque no vio el rostro del conductor, notó que era un hombre de tez blanca, con un reloj dorado y una camisa arremangada. Aseguró que el auto era parecido al que manejaba el esposo de la víctima, por tamaño y color (champán).

Instantes más tarde, escuchó un grito fuerte de un hombre. Le pidió a su marido que no saliera, por temor a que fuera alguna persona violenta o alcoholizada. Solo después supieron que la víctima había sido asesinada.

El marido de esta testigo también declaró. Contó que a media mañana vio a Jimena en el frente de su casa, acompañada por una mujer joven —posiblemente una empleada— y que lo saludó al pasar. Al regresar, mientras se preparaban para almorzar, escuchó los mismos gritos que su esposa había descripto.

Un tercer testimonio y un dato que suma tensión

Por último, se incorporó por lectura la declaración de la madre del testigo anterior, quien no pudo asistir por razones de salud. La mujer declaró en 2017 que, alrededor de las 12:55, al regresar del centro, vio un automóvil negro estacionado frente a la casa de Jimena. Aseguró que nunca antes lo había visto en el barrio.

¿El perro como señuelo?

La hipótesis que maneja la fiscalía no descarta que el perro te supuestamenextraviado haya sido utilizado como señuelo para hacer que Jimena abriera la puerta. La coincidencia entre el animal que ella cargaba y las imágenes recuperadas del teléfono de uno de los acusados refuerza esta línea investigativa.

Las evidencias genéticas, los objetos encontrados en la escena del crimen y ahora los testimonios vecinales dibujan un mapa cada vez más sólido de los minutos previos al femicidio. La reconstrucción de ese día se va armando con fragmentos. Y cada testimonio suma un ladrillo en la búsqueda de justicia.

El juicio se desarrolla en el Poder Judicial de Salta, con un tribunal colegiado compuesto por José Luis Riera, Mónica Faber y Maximiliano Troyano. El Ministerio Público Fiscal está representado por los fiscales Mónica Poma, Leandro Flores y Gabriel González, mientras que la defensa de los acusados está a cargo de Marcelo Arancibia. En representación de la familia Salas actúa el abogado Pedro Javier Arancibia como querellante.

Los hermanos Adrián Guillermo Saavedra y Carlos Damián Saavedra están imputados como coautores del delito de homicidio calificado por alevosía, ensañamiento, criminis causa, concurso premeditado de dos o más personas y femicidio.

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