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Valeriano Colque: “La Argentina no planifica: reacciona, y ese es el núcleo de nuestro problema”

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La economía argentina atraviesa un proceso de cambio profundo, con tensiones entre apertura, competitividad, empleo e inversión. Para el economista Valeriano Colque, el debate de fondo no pasa por más o menos Estado, sino por cómo se diseña y para qué se utiliza. En diálogo con este medio, analizó el caso Fate, la reconversión productiva, el nuevo mapa de ganadores y perdedores y el rumbo que empieza a delinearse con el Gobierno de Javier Milei.

Desde el inicio de la entrevista, Valeriano Colque plantea un diagnóstico severo sobre el funcionamiento histórico del país.

“La Argentina no desarrolla trayectorias: encadena reacciones. No ajusta, da golpes de timón. No planifica, improvisa”, afirma.

“Los excesos no se corrigen, se reemplazan por excesos inversos. Arrasamos y volvemos a empezar como si la experiencia no dejara saldo”.

La falsa discusión sobre el rol del Estado

Consultado sobre el debate recurrente en torno a la intervención estatal, el economista es tajante:

“La discusión sobre si el Estado debe intervenir o no es una falsa dicotomía. Ningún país desarrollado prescindió del Estado para crecer”.

En ese sentido, remarca que el problema no es la presencia estatal en sí misma, sino la calidad de esa intervención.

“Quienes proclaman la prescindencia del Estado rara vez renuncian a usarlo cuando les resulta funcional. Y quienes lo expanden en nombre del bienestar no garantizan mejores resultados solo por hacerlo”.

El caso Fate y los privilegios que distorsionan

El conflicto en torno a Fate se convirtió en un símbolo del debate actual. Para Colque, allí se condensan años de errores estructurales.

“Durante años hubo esquemas de privilegios dirigidos desde el Estado que blindaron a determinados actores, consolidando posiciones dominantes y márgenes extraordinarios en mercados cerrados”.

Esa lógica, explica, desvió los incentivos empresariales:

“Las empresas dejaron de competir por eficiencia o innovación y pasaron a competir por regulaciones favorables. El negocio era asegurar ventajas, no producir mejor”.

Incluso, recuerda una admisión del propio sector:

“Un empresario llegó a decir: ‘Estábamos marcando con un 60 o 70%. Nunca ganamos tanta plata’. Eso no era un mercado real”.

Del privilegio al extremo opuesto

Sin embargo, advierte que el giro posterior tampoco fue virtuoso.

“No hubo una corrección, hubo otro extremo. Se pasó de proteger privilegios a una apertura indiscriminada, sin instrumentos para defender a la economía de prácticas desleales externas”.

Y marca una paradoja política:

“Cuando la empresa cierra, el mismo poder que impulsó el cambio apela a teorías conspirativas y a resortes administrativos, pero no usó esos instrumentos para enfrentar la competencia desleal”.

Inversión productiva versus refugio financiero

Para Colque, este vaivén permanente tiene un efecto directo sobre las decisiones de inversión.

“En lugar de consolidar inversión productiva, se refuerza una lógica de cubrirse en dólares y refugiarse en instrumentos financieros de corto plazo”.

“La incertidumbre desalienta proyectos de largo aliento y favorece comportamientos especulativos”.

Competencia global: también compiten los Estados

El economista insiste en que la competencia internacional no es solo entre empresas.

“Europa defiende a sus agricultores. Estados Unidos defiende sus sectores estratégicos. No compiten solo empresas, compiten Estados”.

Y plantea una pregunta incómoda:

“¿Es realista eliminar todas las barreras frente a una economía como la china, con fuerte respaldo estatal, escala masiva y costos laborales mucho más bajos?”.

Reconversión económica y nuevo mapa productivo

Colque sostiene que la economía argentina deberá reconvertirse, y que ese proceso ya está en marcha.

“El cambio de reglas genera un nuevo mapa de ganadores y perdedores. Algunos lo entienden y se adaptan, otros no pueden y otros quedarán en el camino”.

En ese contexto, señala oportunidades claras para las provincias cordilleranas:

“La nueva ‘pampa gringa’ está en los Andes: cobre, litio, gas, petróleo no convencional. Provincias antes consideradas inviables hoy pueden atraer inversiones y generar exportaciones”.

Industria, empleo y transición sin amortiguadores

El economista advierte que el proceso no está exento de costos sociales.

“Hay un problema con las empresas que entienden el rumbo pero no pueden seguir el ritmo. Milei no ofrece amortiguadores y tampoco se ven gobernadores dispuestos a asistir el empleo de la transición”.

Recuerda además que la industria emplea a una porción limitada del trabajo privado:

“El 70% del empleo está en servicios. La industria ocupa a 1,1 millones de los 6,3 millones de trabajadores privados”.

Competitividad, inflación y tipo de cambio

Colque también pone el foco en el debate cambiario:

“Aparecen voces que piden que el dólar ‘flote, pero solo para arriba’. Es una forma elegante de frenar importaciones sin cepo ni aranceles”.

Y recuerda una experiencia reciente:

“Entre 2020 y 2023 el dólar estuvo alto y no hubo más empleo ni inversiones. El tipo de cambio promedio de ese período hoy equivaldría a $3.150”.

El problema de fondo

Para cerrar, el economista vuelve al núcleo de su planteo:

“Con inflación alta, muchas ineficiencias quedaban disimuladas. Ahora el problema queda expuesto”.

“La pregunta es si las empresas pueden bajar costos y competir sin pedir el auxilio amañado del árbitro”.

Y concluye con una advertencia estratégica:

“Mientras el mundo reorganiza su poder productivo con inteligencia artificial y políticas industriales activas, nosotros seguimos compitiendo contra nosotros mismos”.

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