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45 toneladas que no fueron basura: Cuando la tecnología descartada empieza a tener destino

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Hay cifras que dicen más de lo que aparentan. En 2025, el Gobierno provincial logró recolectar 45,3 toneladas de residuos eléctricos y electrónicos en desuso. No es solo un número voluminoso: es una señal concreta de cambio cultural en una provincia donde, hasta hace poco, televisores rotos, computadoras viejas o celulares inutilizados terminaban mezclados con la basura común, contaminando suelo y agua en silencio.

Las campañas, coordinadas por la Secretaría de Modernización del Estado, no se limitaron a un punto aislado ni a una acción simbólica. Hubo cinco operativos de acopio en distintas localidades, con puntos estratégicos en la ciudad de Salta —Parque San Martín, Centro Cívico Municipal y Grand Bourg— y despliegues en Cafayate y Chicoana. La logística fue clave, pero la respuesta social terminó de cerrar el círculo: vecinos que se acercaron, separaron y entendieron que el descarte también es una decisión ambiental.

El dato sobresaliente no está solo en lo recolectado, sino en lo que vino después. Parte de esos residuos no siguió camino a un depósito final, sino que fue destinada a escuelas técnicas, donde los equipos se transforman en material de estudio. Economía circular en versión concreta: lo que ya no sirve para un hogar, vuelve a tener valor como herramienta educativa.

Desde el Ministerio de Economía y Servicios Públicos destacaron que este tipo de residuos representan un riesgo ambiental alto cuando se desechan sin control. Metales pesados, componentes tóxicos y contaminantes invisibles conviven dentro de aparatos cotidianos que, mal gestionados, dejan una huella duradera. La diferencia, esta vez, fue anticiparse.

El desafío ahora es sostener y ampliar. Las autoridades ya adelantaron que las campañas continuarán en 2026 y que el trabajo articulado con los municipios será clave para llegar a más localidades. Porque si algo dejó en claro este balance anual es que la conciencia ambiental no se declama: se organiza, se facilita y se construye con acciones repetidas.

En un año donde la palabra “residuo” suele asociarse a problema, estas 45 toneladas cuentan otra historia: la de una provincia que empieza a hacerse cargo de su basura tecnológica antes de que sea demasiado tarde.

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