Mientras buena parte del país buscó en la Navidad una tregua, Javier Milei eligió otra cosa: acelerar. Sin tono contemplativo ni llamados a la unidad clásica de estas fechas, el Presidente usó su mensaje de Navidad y Fin de Año para reafirmar identidad, exhibir logros y advertir que lo que viene será más intenso. La frase final —“Abróchense los cinturones”— no fue un cierre casual: fue una definición política.
El mandatario repasó su primer año de gestión con un dato que repite como columna vertebral de su relato: el déficit fiscal cero. “Bajamos el déficit fiscal consolidado de 15 puntos del PBI a 0”, afirmó, y lo presentó como “el proceso de estabilización más exitoso de la historia”. En su discurso, el ajuste no es transición sino destino: menos gasto, menos impuestos y un Estado cada vez más reducido.
Hubo también lugar para la épica política. Milei reivindicó la implementación de la Boleta Única de Papel, subrayando que ningún oficialismo anterior se había animado a impulsarla. No fue solo un dato institucional: fue un mensaje hacia la vieja política, a la que vuelve a señalar como parte del problema que vino a desarmar.
El Presidente habló además desde la lógica electoral que lo sostiene. “De La Quiaca a Ushuaia”, dijo, el país confirmó su voluntad de cambio irreversible. El violeta, color y marca de La Libertad Avanza, apareció como símbolo de una transformación que promete no negociar con matices. Con el nuevo Congreso, anticipó, irá “hasta el hueso” para hacer de la Argentina “el país más libre del mundo”.
El saludo navideño llegó recién al final, fiel a su liturgia personal: “Que Dios los bendiga, que las fuerzas del Cielo los acompañe y VLLC”. Pero incluso ahí, la pausa duró poco. Tras un corte de cámara, volvió el tono de advertencia: se vienen más reformas, más profundas y más rápidas.
El mensaje dejó una certeza y una incógnita. La certeza: Milei no piensa moderar el rumbo ni el lenguaje. La incógnita: cuánto más puede tensarse la cuerda social antes de que el vértigo deje de ser promesa y empiece a sentirse como riesgo. En Navidad, el Presidente no pidió calma. Pidió cinturones bien ajustados.







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