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El Concejo busca un nuevo código para ordenar la noche salteña

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La noche salteña vive un momento bisagra. Bajo la superficie de una actividad que mueve empleo, turismo, cultura joven y una economía silenciosa pero vigorosa, conviven tensiones históricas: ruidos, seguridad, horarios desfasados, saturación de locales y una regulación que quedó atrás de la realidad. En ese contexto, el Concejo Deliberante dio un paso clave al avanzar en la discusión del futuro Código de Espectáculos Públicos y Actividades Nocturnas y Diurnas, una normativa que busca poner orden donde hoy conviven intereses divergentes y demandas ciudadanas cada vez más nítidas.

En una nueva reunión de la Comisión Especial encargada del proyecto, los concejales recibieron a representantes de la Policía Provincial y del área de Control Comercial del Ejecutivo Municipal, además de analizar la presentación de la Cámara de Propietarios y Empresarios de Locales Bailables. El objetivo: escuchar a todos los actores, relevar datos técnicos y construir una norma que no solo regule, sino que modernice y haga sostenible un sector tan dinámico como conflictivo.

La presidenta de la Comisión, Eliana Chuchuy, marcó el eje con claridad: revisar horarios y capacidad máxima de los locales para garantizar un equilibrio entre el derecho al esparcimiento y el deber de cuidar el orden público. No es un detalle menor: los planteos de la Cámara —que busca flexibilizar horarios y actualizar criterios de funcionamiento— ponen sobre la mesa un debate profundo sobre cómo debe ser la vida nocturna de una ciudad que crece y se diversifica.

La autora del proyecto, Agustina Álvarez Eichele, fue todavía más directa: “ordenar la actividad es garantizar seguridad”. Su planteo apunta a un dilema conocido por los especialistas en nocturnidad: si todos los locales cierran a la misma hora, la ciudad se vuelve por minutos un embudo crítico, caldo de cultivo para incidentes y traslados masivos que saturan el sistema. Por eso insiste en evaluar cierres escalonados y regulados, como ya ocurre en ciudades con modelos nocturnos más maduros.

Del lado de la Policía, el Comisario General Fernando Flores aportó un baño de realidad operativa. Extender horarios implica más recursos, más personal, más móviles. Y no se trata solo de vigilar locales: la Policía debe cubrir una ciudad completa donde cualquier incidente, sea o no nocturno, absorbe capacidad operativa. Los estudios estadísticos citados por Flores dejan claro que flexibilizar horarios sin planificar es abrir un flanco difícil de contener.

El debate técnico sobre la capacidad de los locales también tuvo su capítulo. Desde Control Comercial, Matías Monterwiller explicó que estos cálculos se basan en normas de Higiene y Seguridad y en estudios de evacuación, mientras que Aníbal Rodríguez, de Bomberos, profundizó en los criterios de ocupación y la articulación con COPAIPA y el Colegio de Arquitectos. Un dato que parece burocrático, pero es vital: la tragedia siempre acecha donde se subestima la capacidad real de un espacio cerrado.

Lo que se vio en esta reunión no fue un trámite legislativo: fue la foto de una discusión que la ciudad necesitaba asumir. La regulación de la noche no es —o no debería ser— un péndulo entre permisividad y mano dura, sino una construcción técnica, social y política capaz de reconocer a los empresarios, proteger a los vecinos y garantizar seguridad sin asfixiar la actividad económica.

Los concejales continuarán analizando la información para avanzar en la redacción final del proyecto. El desafío ahora es transformar los diagnósticos en una norma moderna, seria y aplicable. Salta necesita un Código que ordene la noche, pero sobre todo que la haga posible sin riesgos y sin improvisaciones. El debate está abierto. Y, esta vez, promete ir a fondo.

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