El Dakar no suele regalar jornadas perfectas. Por eso lo ocurrido este domingo en Arabia Saudita excede la estadística y se instala directamente en la memoria grande de la competencia.
Luciano y Kevin Benavides, hermanos, salteños y corredores de élite, ganaron sus respectivas etapas en un mismo día, en categorías distintas, y marcaron un hito inédito en la historia del rally más exigente del planeta. A ese doblete se sumó la victoria de Jeremías González Ferioli en Side by Side, completando un triplete argentino que nunca antes se había dado.
Luciano Benavides hizo lo que fue a buscar: pelear adelante en motos. Ganó la etapa con autoridad, repitió triunfo tras el conseguido antes del descanso y se afirmó como serio candidato en la categoría reina. Hoy es tercero en la general, a menos de cinco minutos del líder, en una edición donde cada segundo se defiende como si fuera el último. Su Dakar ya no es promesa: es presente competitivo y ambición concreta.
Kevin, en cambio, transita otro desafío. Después de una vida arriba de las motos y dos Touareg ganados, decidió cambiar de disciplina y debutar en Challenger. La adaptación no fue sencilla, pagó errores y aprendizaje, pero la perseverancia tuvo premio: su primera victoria en cuatro ruedas llegó en el mismo día que la de su hermano. No es un dato menor. Es la confirmación de que el talento no entiende de categorías.
La escena del reencuentro en el campamento de Wadi Al Dawasir resumió todo. Kevin llegando con su navegante, Luciano apareciendo en bicicleta, el abrazo, el mensaje inmediato al padre, Norberto, que volvió a cumplir su cábala de aparecer en la segunda mitad del Dakar. Una postal íntima dentro de una competencia descomunal.
El impacto del día se amplificó con un gesto que no pasó desapercibido. Franco Colapinto, desde la Fórmula 1, celebró el logro en redes con un mensaje que mezcló admiración y camaradería. No fue una felicitación más: fue el reconocimiento entre deportistas que entienden lo que cuesta llegar y sostenerse en la cima.
El tercer golpe argentino lo dio Jeremías González Ferioli en Side by Side. Tras una primera semana condicionada por problemas mecánicos, encontró revancha con una victoria ajustadísima, por apenas siete segundos. Otra muestra de resiliencia en una jornada que pareció alineada para la bandera celeste y blanca.
El Dakar siguió su marcha, como siempre lo hace. Vendrán etapas durísimas, abrir pista, errores y desgaste. Pero lo de este domingo ya no se borra. Dos hermanos ganando el mismo día, en motos y en autos, y tres argentinos en lo más alto de distintas categorías. No fue casualidad. Fue talento, trabajo y una genética que, esta vez, quedó escrita en la historia grande del Dakar.







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