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El escudo de Bennassar: ¿Quién decide las prioridades, la gente o los concejales?

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A veces, la política se vuelve un espejo incómodo. Refleja no lo que la gente necesita, sino lo que algunos quieren imponer. La sesión del Concejo Deliberante de Salta de este miércoles dejó una imagen clara de eso: la insistencia de la concejal Inés Bennassar por apurar el tratamiento de su proyecto para rediseñar el escudo de la ciudad, a contramano del sentido común y de las prioridades sociales.

Por Marcela Pérez

El tema en cuestión se relacionaba con un pedido de preferencia realizado por la concejal Paula Medici para acelerar un proyecto de su par Inés Bennassar, que ya está en debate en comisiones. La mayoría del cuerpo lo rechazó. Y no fue por capricho: fue por respeto a las prioridades. Porque mientras los salteños enfrentan diariamente una realidad ya de por sí complicada y esperan que sus representantes hagan su vida un poco más fácil, pensar que el problema de fondo es el escudo municipal no solo resulta ridículo, sino también ofensivo.

Pero la autora del proyecto no pareció escucharlo. Acusó a sus pares de no querer trabajar. Insinuó que detrás del rechazo hay una conspiración para seguir gastando en logos del Ejecutivo municipal. Y terminó defendiendo su iniciativa con una mezcla de victimismo, exageración y falta de autocrítica. La política simbólica elevada a berrinche.

Actualmente, cada gestión municipal utiliza su propio logo, diferente del escudo oficial. La concejal Bennassar propone reemplazarlos por un nuevo escudo, argumentando que así se ahorrarían millones en gastos de imagen política. Pero la realidad es otra: tanto el uso del logo como del escudo implican los mismos costos administrativos y de producción. No hay ahorro real alguno en cambiar un símbolo por otro.

¿De verdad se cree que modificar el escudo municipal evitará el gasto político que tanto critica? Esa afirmación no solo es engañosa, sino que intenta confundir a la ciudadanía con un argumento vacío y sin sustento.

Lo cierto es que incluso concejales que integran la Comisión de Cultura —donde se trata el tema con presencia de historiadores y especialistas— pidieron que se trabaje con más tiempo, más seriedad y menos apuro. Porque el escudo representa a todos, no a una gestión. Y por eso no se puede usar como tribuna personal ni como bandera de una cruzada simbólica que nadie pidió.

Leer más: Concejales desconectados: Ahora quieren cambiar el escudo de la Ciudad

Y para quienes aún se preguntan si esta discusión tiene sentido, alcanza con ver otro ejemplo:  recientemente y muy en silencio, fue archivado un proyecto del concejal mandato cumplido Ignacio Palarik que pretendía denominar “Lionel Messi” a una calle del barrio El Huaico. Una locura, sí, incluso viniendo de la admiración genuina por el mejor futbolista del mundo. Pero hubo concejales que a tiempo supieron ubicar ese proyecto en su justa dimensión: fuera de la agenda pública, lejos de las prioridades reales. ¿Por qué no se aplica el mismo criterio con el escudo?

Claro que con esto no buscamos subestimar lo simbólico. Todo lo contrario. Justamente porque los símbolos nos representan, no deben ser usados de manera ligera ni personalista. Lo simbólico exige responsabilidad. Lo que no se puede permitir es que lo simbólico se convierta en una distracción mientras la ciudad sigue esperando que a los concejales se les ocurran proyectos que revaloricen el diario vivir.

Entonces, volvamos a la pregunta: ¿Quién decide qué es importante? ¿Los concejales? ¿Los partidos? ¿O lo decide, como debe ser, la gente? Porque si la política no se ordena a partir de las necesidades ciudadanas, corre el riesgo de convertirse en un club de debates estériles. Y cuando eso ocurre, lo que se daña no es una Institución o una imagen, sino la legitimidad de la representación.

La política no está para satisfacer la caprichosa urgencia de un concejal. Está para escuchar lo que verdaderamente importa. El escudo puede esperar. La gente, no.

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