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Paritaria mercantil: Suma fija, revisión en 2026 y un mercado laboral que pide claridad

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La paritaria mercantil volvió a moverse. La Cámara Argentina de Comercio (CAC), CAME, UDECA y la Federación de Empleados de Comercio (FAECyS) firmaron una nueva revisión que intenta recomponer ingresos en plena tensión inflacionaria, aunque lo hace —otra vez— a través de sumas fijas no remunerativas, un mecanismo que alivia hoy pero complejiza mañana.

El acuerdo establece una suma fija no remunerativa de $60.000, a pagarse en diciembre, enero, febrero y marzo. Cada cuota se extingue mes a mes, excepto la última, correspondiente a marzo de 2026, que sí se incorporará al básico en abril de ese año. Es decir, la recomposición se sostiene cuatro meses como una especie de puente salarial, pero la mejora permanente recién llega al final del recorrido.

Además, las partes acordaron prorrogar la suma fija no remunerativa de $40.000 —vigente desde junio de 2025— hasta marzo de 2026, en los mismos términos ya pactados. Todo el esquema tendrá vigencia entre el 1° de julio de 2025 y el 30 de abril de 2026, con una cláusula de revisión en marzo de 2026 para evaluar cómo evolucionó la economía.

Es un acuerdo que reconoce la fragilidad del contexto: se suma, se estira, se ajusta, pero no se consolida. La herramienta no remunerativa, utilizada por su efecto inmediato, sigue siendo objeto de debate porque no impacta en aportes, aguinaldo ni vacaciones, y difiere la verdadera recomposición hacia adelante.

El texto firmado también aclara que estos incrementos no son vinculantes para los acuerdos salariales de Río Grande, Tierra del Fuego, aunque sí fijan el piso mínimo convencional a partir de la homologación. Una excepción geográfica que ya es habitual en la negociación mercantil.

La paritaria más numerosa del país vuelve a mostrar la tensión central del mercado laboral argentino: la inflación licúa, la negociación corre detrás y las sumas fijas funcionan como una solución parcial que posterga el debate de fondo. El sector comercial logra una recomposición acotada, pero el verdadero interrogante es otro: ¿podrá el 2026 ofrecer un horizonte más previsible para discutir salarios sin tanta ingeniería contable?

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