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Todos quieren ser Papa, pero nadie llega a 89: Tensión y estrategia en el último domingo sin pontífice

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El Vaticano vivió este domingo una jornada cargada de simbolismo, expectativa y cálculos políticos. Fue el último domingo sin papa, y todo indica que el próximo ya tendrá al sucesor de Francisco dando la oración del Regina Coeli desde la ventana del Palacio Apostólico. Pero por ahora, lo único claro es la incertidumbre.

A tres días del comienzo del cónclave, la ansiedad se respira en cada rincón de Roma. Los 133 cardenales electores, aunque sin reuniones formales, no descansaron. Algunos celebraron misa en sus iglesias titulares; otros almorzaron en trattorias o casas privadas, buscando cerrar alianzas y explorar apoyos. La cifra mágica para consagrar al nuevo pontífice sigue lejana: 89 votos.

Mientras tanto, la ciudad se convirtió en una suerte de pasarela eclesiástica. Entre bendiciones y micrófonos, los llamados papables mostraron gestos, estilos y hasta discursos que fueron interpretados como mensajes velados.

Uno de los más observados fue Jean-Marc Aveline, el arzobispo de Marsella nacido en Argelia, quien sorprendió con un italiano impecable en su misa en Santa Maria dei Monti. Su perfil humilde, cercano y alineado con la “Iglesia en salida” de Francisco le ganó comparaciones con Juan XXIII. Algunos ya lo imaginan como un posible Juan XXIV.

También tomó protagonismo François-Xavier Bustillo, cardenal de Ajaccio, que predicó que Jesús no pide fuerza ni estrategia, sino amor y responsabilidad. Un mensaje que, según analistas, apuntó directo al perfil del futuro Papa.

Por su parte, el conservador Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York, fue cauto. Aseguró vivir este segundo cónclave con mayor serenidad y deseó un pontífice que combine lo mejor de Francisco, Benedicto XVI y Juan Pablo II: “Sería una bendición”.

En paralelo, la prensa italiana jugó sus propias cartas. Con titulares directos, varios medios impulsaron la figura del cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado vaticano, diplomático moderado y sin experiencia pastoral. Aunque cuenta con un sólido bloque de votos iniciales, muchos dudan de su capacidad para alcanzar los 89. “El riesgo es que se estanque”, advirtió la vaticanista Franca Giansoldati.

Otro fuerte contendiente es el carismático Luis Antonio “Chito” Tagle, cardenal filipino que representa la voz del sur global, con una Iglesia joven y en expansión. Sin embargo, tampoco alcanza aún el umbral necesario.

La campaña italiana se intensifica. Matteo Zuppi, arzobispo de Bologna, aparece como un puente entre tradición y apertura, aunque sectores del Vaticano aseguran que se desmarcó de Francisco y que su rol como presidente de la Conferencia Episcopal Italiana lo alejó del pontífice saliente. Incluso, una fuente reveló a LA NACION que estaría promoviendo discretamente la candidatura de Parolin para testear el terreno.

Entre los argentinos, Mario Poli, arzobispo emérito de Buenos Aires, celebró misa en la Iglesia Nacional Argentina, acompañado por decenas de compatriotas. Es uno de los cuatro cardenales del país que participarán en la histórica votación.

Este lunes comienzan formalmente las reuniones pre-cónclave. Muchos cardenales aún no han intercambiado una palabra entre sí. Y es que, con 70 países representados y 133 electores —el mayor número de la historia—, este cónclave tiene el desafío de llegar a un consenso que respete la diversidad sin sacrificar la unidad.

¿Habrá humo blanco en los primeros días? Nadie lo sabe. Pero todos, dentro y fuera del Vaticano, comparten la misma pregunta: ¿quién será el próximo pastor del mundo?

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