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Trump acelera su plan para Venezuela: Guiños a Delcy Rodríguez y presión sobre las petroleras

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Donald Trump decidió mover todas las fichas al mismo tiempo. Mientras avanza en la normalización de los vínculos con el poder que hoy gobierna Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro, el presidente estadounidense reunió en la Casa Blanca a los principales ejecutivos del sector energético y dejó un mensaje sin rodeos: el petróleo venezolano vuelve a estar en el centro de la agenda geopolítica de Washington.

La escena fue elocuente. En la Sala Este, rodeado por empresarios petroleros, Trump se refirió públicamente a Delcy Rodríguez como una “aliada” y planteó la necesidad de acelerar un acuerdo que permita a compañías norteamericanas —y algunas europeas— explotar el crudo venezolano, con el aval y la tutela directa de Estados Unidos. El objetivo es doble: desplazar definitivamente a Rusia y China del tablero energético venezolano y, al mismo tiempo, empujar una baja en los precios internacionales del petróleo.

“No queremos que negocien con Venezuela. Están negociando con nosotros”, les dijo Trump a los ejecutivos, marcando una línea de conducción clara. El mensaje fue acompañado por la promesa de “garantías de seguridad” para operar en territorio venezolano, aunque sin despliegue de tropas estadounidenses. Según el mandatario, la protección se instrumentará mediante acuerdos con las nuevas autoridades y esquemas privados de seguridad.

El gesto político hacia Rodríguez no fue menor. Trump la mencionó como una figura confiable dentro del nuevo esquema de poder, en un contexto en el que Washington ya dejó atrás la retórica de confrontación directa que caracterizó los años posteriores a la ruptura diplomática de 2019. Ese giro quedó confirmado horas antes, cuando Caracas anunció el inicio de un “proceso exploratorio” para restablecer las misiones diplomáticas entre ambos países.

La delegación del Departamento de Estado que llegó a Caracas —encabezada por el encargado de negocios John McNamara— tiene como misión evaluar las condiciones para una reapertura gradual de la representación estadounidense, cerrada hace casi siete años. En paralelo, el régimen informó que enviará diplomáticos a Washington para avanzar en las gestiones formales.

La captura de Maduro y Cilia Flores, hoy detenidos en Nueva York bajo cargos de narcoterrorismo, terminó de acelerar un escenario que hasta hace semanas parecía improbable. Trump, que no oculta el alto riesgo político de esta jugada, admitió además que descartó una segunda ola de ataques militares tras la liberación parcial de presos políticos en Venezuela. “Fueron inteligentes”, evaluó, en un tono más pragmático que ideológico.

El petróleo explica buena parte de este viraje. Según Trump, las compañías invertirán al menos 100.000 millones de dólares en la reconstrucción de la infraestructura petrolera venezolana, sin aportes directos del gobierno estadounidense. A cambio, Washington garantiza respaldo político, control del proceso y una interlocución directa que margina a otros actores internacionales.

Los ejecutivos presentes no disimularon su entusiasmo. Desde Repsol hasta Hilcorp Energy, todos manifestaron estar listos para invertir en un país que concentra las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, estimadas en más de 300.000 millones de barriles. La apuesta, sin embargo, no está exenta de interrogantes: la infraestructura está deteriorada, el contexto social sigue siendo frágil y la transición política aún no está cerrada.

Trump también volvió a sorprender con sus declaraciones sobre María Corina Machado, a quien ahora presenta como una figura con proyección dentro del proceso de transición, pese a haberla descalificado días atrás. Anunció que la dirigente opositora viajará a Washington en los próximos días, en otro gesto que expone la plasticidad —y la imprevisibilidad— de la estrategia estadounidense.

Mientras tanto, el Pentágono confirmó la incautación de un nuevo buque en el Caribe, en el marco del bloqueo a las exportaciones ilegales de crudo. Según Trump, el operativo fue coordinado con las autoridades venezolanas, una afirmación que, por sí sola, confirma hasta qué punto la relación bilateral entró en una nueva fase.

Venezuela volvió al centro del tablero. Y Trump, fiel a su estilo, decidió que el petróleo sea la llave para ordenar la política, la diplomacia y el negocio al mismo tiempo.

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