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Verano récord: más turistas, estadías más cortas y un giro en la forma de viajar

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El verano 2026 cerró con números contundentes y una lectura que va más allá del volumen. Viajaron 30,7 millones de turistas por el país y el impacto económico rozó los 11 billones de pesos, según el relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME).

Fue una temporada que creció respecto de 2025, pero que, al mismo tiempo, confirmó un cambio estructural en el comportamiento del turista argentino: menos días, más decisión de último momento y un gasto cada vez más concentrado en experiencias.

El dato distintivo del verano no está solo en la cantidad de viajeros, sino en cómo viajaron. Frente a un contexto de ingresos ajustados, el turista no resignó el viaje, sino que recortó la duración de la estadía, sostuvo el gasto diario y priorizó propuestas puntuales: festivales, carnavales, eventos deportivos, gastronomía y naturaleza. El resultado fue una temporada dinámica, fragmentada en picos, pero con alto impacto económico.

Los números que explican la temporada

De acuerdo al informe de CAME, la cantidad de turistas creció 9,5% interanual, mientras que el gasto total real aumentó 4,5%, impulsado por una mayor cantidad de personas que al menos pernoctaron una noche fuera de su ciudad de residencia.

El gasto diario promedio alcanzó los $97.101 por turista, un 28,2% más en términos nominales que el verano pasado. Sin embargo, al descontar inflación, el gasto diario cayó 3,3% en términos reales, una señal clara de consumo más medido y selectivo.

La estadía media fue de 3,65 noches, apenas por debajo de 2025 (3,7), pero muy lejos de los registros de años anteriores: en comparación con 2023, la permanencia promedio es 12% menor, y frente a 2022 la caída alcanza el 21%. Viajes más cortos, pero no menos intensos, es la síntesis que deja el verano 2026.

Un verano de menor a mayor y sostenido en eventos

A diferencia del verano anterior, la temporada mostró un desempeño más equilibrado entre enero y febrero, sin picos aislados. Promociones, financiamiento en cuotas y políticas comerciales agresivas ayudaron a sostener el movimiento, pero el gran motor fue la agenda.

Festivales, carnavales, competencias deportivas y eventos culturales activaron decisiones de viaje con poca anticipación, elevaron la ocupación y sostuvieron el consumo incluso en destinos que habían arrancado con registros bajos. La temporada se explicó más por “momentos fuertes” que por reservas planificadas con meses de antelación.

El turista decidió rápido, buscó experiencias concretas y ajustó los días. Donde el producto estuvo bien diferenciado, el derrame económico fue contundente.

Destinos: quiénes capitalizaron el nuevo perfil de viajero

La provincia de Buenos Aires volvió a concentrar el mayor volumen de turismo del país, con la costa atlántica como eje. Mar del Plata, Pinamar, Villa Gesell, Cariló y Necochea sostuvieron buenos niveles de ocupación, con el Carnaval como uno de los puntos más altos, superando el 80% en varios casos. El consumo fue más cauteloso, pero constante.

La Ciudad de Buenos Aires se consolidó como gran destino urbano. Cultura, espectáculos internacionales y gastronomía empujaron una ocupación del 83% en Carnaval, el mejor registro de los últimos cinco años. El fin de semana largo dejó más de 119.000 visitantes y un impacto superior a $40.000 millones, confirmando el peso del turismo de eventos.

En el interior, Córdoba tuvo una de sus temporadas más exitosas, con más de 5 millones de turistas y picos de ocupación cercanos al pleno en los principales destinos serranos. Entre Ríos, con playas, termas y fiestas populares, rozó ocupaciones del 97% en Carnaval. Misiones, con Iguazú como faro internacional, mantuvo niveles superiores al 75% y fuerte ingreso de turistas extranjeros.

El NOA mostró desempeños sólidos: Salta, con fiestas populares y fuerte crecimiento del turismo internacional; Jujuy, con un Carnaval casi pleno en toda la provincia; Catamarca, que consolidó su perfil cultural y de naturaleza; y Tucumán, con picos del 99% en destinos clave durante febrero.

La Patagonia tuvo una temporada más moderada pero estable, con buenos registros en Bariloche, Puerto Madryn, Ushuaia y El Calafate, mientras que provincias como San Luis y Santa Fe encontraron en los festivales y eventos el principal sostén del movimiento turístico.

El balance: más turistas, menos días y consumo inteligente

El verano 2026 dejó una conclusión clara: el turismo argentino se adapta. Frente a un escenario económico desafiante, el viajero no desaparece, sino que redefine prioridades. Viaja menos días, gasta mejor, decide rápido y responde a propuestas claras.

Para el sector, el desafío es evidente. La rentabilidad sigue ajustada, la informalidad compite fuerte y la dependencia del clima y la agenda genera volatilidad. Pero también quedó demostrado que cuando hay producto, identidad y eventos, el turismo responde.

Con 30,7 millones de turistas y casi 11 billones de pesos en movimiento, el verano 2026 no solo superó al anterior: marcó un cambio de época en la forma de viajar por la Argentina.

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