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García Cuerva: “Las heridas de la descalificación y la intolerancia están infectando al pueblo”

El arzobispo de Buenos Aires cerró la Peregrinación a Luján con un fuerte llamado a frenar la violencia verbal, el desprecio y la indiferencia. A un mes de la llegada de León XIV, pidió abrazar a quienes piensan distinto y puso en el centro a jubilados, personas con discapacidad, desempleados y pobres.

05 Oct 2026 - 05:24
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García Cuerva: “Las heridas de la descalificación y la intolerancia están infectando al pueblo”

“Las heridas de la descalificación, de la intolerancia, de la violencia física y verbal supuran y parece que están infectando el corazón del pueblo”. Jorge García Cuerva eligió la misa de cierre de la 52ª Peregrinación a Luján para volver a poner en palabras una preocupación que viene planteando con creciente dureza: la fractura social y política de la Argentina.

El arzobispo de Buenos Aires no mencionó a Javier Milei durante ese tramo de la homilía, pero su mensaje se produjo apenas un día después de haber descripto públicamente al país que recibirá al papa León XIV como “una Argentina herida”, atravesada por la grieta, la descalificación y la intolerancia.

Ante los peregrinos que completaron la tradicional caminata hacia la Basílica de Luján, García Cuerva sostuvo que el desafío es “curar los vínculos entre nosotros” y vinculó esa reconstrucción con la capacidad de aceptar a quien piensa diferente.

“Si la Virgen de Luján nos abraza, es imposible mirar al otro con desprecio”, afirmó. Y convocó a quienes participaron de la peregrinación a convertirse en “artesanos de la fraternidad” cuando regresen a sus casas.

“Abrazar a los que piensan distinto”

El mensaje no quedó limitado a una exhortación abstracta a la unidad. García Cuerva enumeró a quienes considera que necesitan especialmente ese abrazo: los abuelos, las personas con discapacidad y sus familias, quienes no tienen trabajo, quienes viven en la calle y los adolescentes atravesados por las drogas, además de aquellos que piensan diferente.

También recuperó el mensaje social de León XIV: “El Papa dice que quien pase hambre tiene que comer, que a los niños se les tiene que garantizar una educación adecuada, que los ancianos deben vivir serenamente sus años de madurez”.

A partir de esas palabras, el arzobispo volvió sobre una idea que atravesó toda su intervención: la diferencia política o ideológica no puede transformarse en desprecio por el otro.

“Que nos enseñe a abrazar a los que piensan distinto, a todos los argentinos, porque más allá de nuestras legítimas diferencias somos hermanos”, expresó.

Y reforzó el mensaje al pedir que los argentinos aprendan “a perdonar, a respetar y a dialogar entre todos”: “Que dejemos de descalificar al hermano, de ser indiferentes con el que sufre y de dar lugar al odio entre nosotros”.

El país que recibirá al Papa

Las palabras pronunciadas en Luján tienen un antecedente inmediato. Un día antes, durante una misa en la Catedral Metropolitana, García Cuerva había trazado un diagnóstico todavía más explícito sobre el escenario que encontrará León XIV cuando llegue a la Argentina en noviembre.

“Se va a encontrar con una Argentina herida, una Argentina dividida, con esa famosa grieta”, sostuvo entonces. Para el arzobispo, esa división no constituye solamente una disputa política: “Duelen las entrañas del pueblo”, señaló, antes de advertir que la descalificación y la intolerancia están “a la orden del día”.

También puso el foco en la situación social. Habló de una Argentina en la que “un porcentaje muy grande de hermanos la están pasando mal” y recordó que la pobreza constituye un problema que el país arrastra desde hace décadas.

García Cuerva incluso recurrió a una experiencia personal para describir esa frustración: recordó que su abuelo le decía que cuando creciera seguramente la Argentina habría salido adelante. “Yo ya crecí y la Argentina sigue en esa situación”, lamentó.

Un mensaje político sin nombres propios

La homilía de Luján no incluyó nombres de dirigentes ni una referencia explícita al Gobierno. Sin embargo, llega en un escenario en el que García Cuerva viene marcando públicamente diferencias con aspectos de la realidad económica y social y cuestionando el clima de confrontación política.

Esta vez eligió no señalar responsables sino describir las consecuencias: violencia verbal, intolerancia, indiferencia frente al sufrimiento y dificultad para reconocer al que piensa distinto como parte de una misma sociedad.

El momento agrega peso al mensaje. Falta aproximadamente un mes para la prevista llegada de León XIV al país y el propio arzobispo anticipó que espera que la visita contribuya a unir, devolver esperanza y ayudar a una sociedad que considera profundamente dividida.

Por eso, en Luján, la advertencia terminó convertida en un pedido: menos descalificación, menos odio y más capacidad de convivir con quien piensa distinto.

En una Argentina que ya empieza a discutir el próximo turno electoral y donde la confrontación vuelve a endurecer el discurso público, García Cuerva eligió la peregrinación más multitudinaria del país para dejar una definición que excede a cualquier dirigente en particular: “Más allá de nuestras legítimas diferencias somos hermanos”.

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