Lula ganó en Brasil y frenó el avance de la derecha
El presidente brasileño consiguió una remontada frente a Flavio Bolsonaro y se impuso con el 51,78% de los votos en un balotaje marcado por cuestionamientos a la extensión del horario electoral. Gobernará por cuarta vez y mantendrá a la mayor economía latinoamericana como contrapeso político de los gobiernos aliados de Donald Trump y Javier Milei.
Brasil eligió continuar con Luiz Inácio Lula da Silva. En una segunda vuelta ajustada y atravesada por controversias, el mandatario consiguió revertir las previsiones que favorecían a Flavio Bolsonaro y obtuvo el 51,78% de los votos, frente al 48,22% de su adversario.
A los 80 años, Lula alcanzó un resultado histórico: será el primer presidente brasileño en ejercer cuatro mandatos. Su victoria también representa un hecho político de alcance regional, porque interrumpe una sucesión de triunfos de la derecha en distintos países sudamericanos.
El resultado se conoció después de una jornada electoral marcada por denuncias y cuestionamientos a la decisión judicial de extender dos horas el horario de votación, en medio de problemas vinculados con el transporte público.
Una remontada que cambió el escenario electoral
Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y candidato del Partido Liberal, llegaba al balotaje con expectativas favorables reflejadas en distintos sondeos.
Sin embargo, Lula logró revertir ese escenario y asegurar su continuidad al frente del Palacio del Planalto.
La diferencia final fue de 3,56 puntos porcentuales, suficiente para otorgarle un nuevo mandato, aunque también dejó expuesta la fuerte división política de la sociedad brasileña.
El presidente construyó su campaña alrededor de la defensa de la soberanía nacional y presentó la elección como una disputa entre mantener la autonomía de Brasil o profundizar su alineamiento con Estados Unidos.
La victoria le permitirá sostener esa orientación, aunque deberá gobernar con un Congreso donde las fuerzas de derecha conservarán un peso considerable.
Un resultado que también impacta en Argentina
La continuidad de Lula modifica las expectativas de los sectores políticos que aguardaban una victoria de Bolsonaro para ampliar el bloque de gobiernos ideológicamente cercanos a Donald Trump.
Para Javier Milei, el resultado significa que deberá continuar la relación bilateral con un presidente con quien mantiene profundas diferencias políticas.
La importancia de Brasil para Argentina excede esas diferencias. Se trata de uno de sus principales socios comerciales y de un actor central para la industria, las exportaciones y el funcionamiento del Mercosur.
Por eso, la convivencia entre ambos gobiernos seguirá siendo determinante para las relaciones económicas y diplomáticas de la región.
La victoria de Lula también impide que Brasil se incorpore al denominado Escudo de las Américas, una iniciativa impulsada por Washington.
El mandatario brasileño rechazó además la posibilidad de declarar terroristas a las principales organizaciones criminales de su país, por considerar que esa calificación podría abrir espacio a intervenciones extranjeras.
Sudamérica gira a la derecha, pero Brasil resiste
El mapa político regional presenta una configuración muy distinta de la que acompañó los primeros gobiernos de Lula.
Actualmente, Argentina está gobernada por Javier Milei; Chile, por José Antonio Kast; Ecuador, por Daniel Noboa; Bolivia, por Rodrigo Paz; Perú, por Keiko Fujimori; Colombia, por Abelardo de la Espriella, y Paraguay, por Santiago Peña.
En contraste, Brasil continuará bajo la conducción de Lula, mientras Uruguay mantiene un gobierno de izquierda encabezado por Yamandú Orsi.
Fuera de Sudamérica, México, con Claudia Sheinbaum, constituye otro de los principales gobiernos progresistas de América Latina.
Sin embargo, la cantidad de gobiernos de uno u otro signo no determina por sí sola el equilibrio político regional.
Brasil es la mayor economía latinoamericana, tiene una enorme influencia diplomática y comercial y ocupa un lugar estratégico en las relaciones internacionales.
Su continuidad bajo un gobierno de izquierda representa, por lo tanto, un contrapeso importante frente al avance de administraciones conservadoras y liberales.
El desafío de gobernar después de ganar
Aunque Lula consiguió imponerse, el resultado no elimina las dificultades que enfrentará durante su próximo mandato.
El Congreso brasileño quedó fortalecido por sectores de derecha después de la primera vuelta electoral, lo que obligará al presidente a negociar para avanzar con sus principales iniciativas.
También deberá responder a demandas económicas y sociales en un contexto regional donde los electorados muestran cada vez menos tolerancia frente a la falta de resultados.
Los cambios de gobierno en distintos países latinoamericanos no necesariamente reflejan una adhesión ideológica permanente. En muchos casos, expresan el desgaste de las administraciones anteriores y la búsqueda de alternativas.
Brasil presenta ahora una excepción a esa tendencia: un oficialismo que logró conservar el poder pese a un escenario electoral adverso.
Una victoria con consecuencias regionales
El triunfo de Lula no implica que América Latina haya cambiado nuevamente de orientación política, pero sí evita que la derecha consolide su avance sobre la principal potencia económica de la región.
Para Argentina, significa mantener como interlocutor a un presidente con diferencias ideológicas marcadas respecto de Milei, pero con quien resulta indispensable sostener vínculos comerciales e institucionales.
Para Brasil, el desafío será transformar una victoria ajustada en capacidad de gobierno.
Lula consiguió ganar una elección que parecía inclinarse hacia su adversario. Ahora deberá demostrar que esa remontada también puede traducirse en estabilidad política, crecimiento económico y respuestas para una sociedad profundamente dividida.
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