Argentina construirá un nuevo reactor nuclear
El Gobierno anunció una inversión privada de US$1.200 millones para levantar un reactor nuclear de última generación en Atucha. Será el primero de su tipo en el mundo y demandará unos cinco años de construcción, con la creación de alrededor de 2.000 puestos de trabajo.
La energía nuclear volvió a ocupar un lugar central en la agenda económica del Gobierno. La administración de Javier Milei anunció este miércoles la construcción de un nuevo reactor nuclear en el país, un proyecto que demandará una inversión privada de 1.200 millones de dólares y que busca posicionar a la Argentina como protagonista en el desarrollo de una tecnología que despierta un creciente interés a nivel mundial.
La iniciativa fue presentada por la empresa estadounidense Meitner Energy y se desarrollará en el complejo Atucha, ubicado en la localidad bonaerense de Lima, partido de Zárate. Según informó el Gobierno, el proyecto podría encuadrarse dentro del denominado Súper RIGI, el régimen diseñado para atraer grandes inversiones estratégicas.
El anuncio fue realizado en el Ministerio de Economía con la participación del ministro Luis Caputo; el secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Nápoli; el director ejecutivo de Meitner Energy, Teófilo Lacroze, y referentes del sector nuclear.
El dato distintivo del proyecto no está solamente en el monto de la inversión. El reactor que se construirá será un ACR-300, un pequeño reactor modular (SMR) de Generación III+, con una potencia aproximada de 300 megavatios eléctricos. Se trata de un diseño desarrollado por ingenieros argentinos que tendrá su primera aplicación comercial en el mundo.
Esa condición convierte a la Argentina en el escenario elegido para poner en funcionamiento por primera vez una tecnología que podría marcar el futuro de la generación nuclear. A diferencia de un prototipo experimental, el reactor será construido como una central destinada a producir energía de manera comercial.
La inversión será financiada íntegramente con capital privado. El acuerdo establece que Meitner Energy asumirá el desarrollo de la obra y abonará un canon por utilizar los terrenos donde se levantará la central, mientras que Nucleoeléctrica Argentina conservará el derecho de operar y mantener la planta bajo condiciones de mercado una vez concluida su construcción.
El cronograma prevé un plazo aproximado de cinco años, aunque el inicio de las obras dependerá de la aprobación definitiva del Ministerio de Economía y del otorgamiento de las licencias correspondientes por parte de la Autoridad Regulatoria Nuclear.
Además del impacto energético, el Gobierno destacó el efecto que tendrá sobre el empleo. Se estima que durante las etapas de desarrollo, construcción, puesta en marcha y operación se generarán alrededor de 2.000 puestos de trabajo directos, además del movimiento económico asociado a proveedores, contratistas y servicios especializados.
Para la administración nacional, el proyecto representa una señal de confianza del capital privado en un sector donde la Argentina posee una larga trayectoria tecnológica. El país cuenta actualmente con tres centrales nucleares en funcionamiento —Atucha I, Atucha II y Embalse— y acumula más de siete décadas de desarrollo científico e industrial en esta actividad.
"Es exactamente el modelo que venimos impulsando: el Estado genera las condiciones y garantiza previsibilidad, mientras el sector privado aporta la inversión y asume el riesgo", afirmó el secretario de Asuntos Nucleares, Federico Ramos Nápoli, al presentar la iniciativa.
El anuncio llega, además, en un momento de fuerte tensión dentro del sector nuclear. Apenas unos días atrás, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) fue escenario de un conflicto por la no renovación de 61 contratos, medida que provocó protestas gremiales y críticas de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), que denunció un proceso de desmantelamiento del organismo.
Desde el Gobierno rechazaron esas acusaciones y sostuvieron que las desvinculaciones correspondieron a contratos temporarios, aclarando que no afectaron a ingenieros nucleares ni a personal técnico especializado.
Más allá de esa controversia, el proyecto anunciado busca mostrar una apuesta de largo plazo para una industria considerada estratégica. La construcción del primer reactor comercial ACR-300 no solo implicaría una inversión millonaria y la creación de empleo calificado, sino también la posibilidad de que la Argentina vuelva a posicionarse como exportadora de tecnología nuclear, un sector donde históricamente supo ocupar un lugar destacado a nivel internacional.
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