Pérez-Reverte convirtió una pelea en un ataque a los argentinos
El escritor español podía cuestionar los incidentes posteriores a la final, pero eligió ir más lejos: calificó como “detestable” a una parte de la sociedad argentina y transformó la conducta de algunos jugadores en una condena colectiva.
Arturo Pérez-Reverte tenía derecho a criticar el comportamiento de los futbolistas argentinos después de la final del Mundial. Hubo empujones, forcejeos y reacciones que no estuvieron a la altura del partido. No hace falta negar ni justificar esas imágenes.
Pero el escritor español cruzó un límite cuando dejó de hablar de los protagonistas de la pelea y extendió su juicio hacia la Argentina.
“Representaron solo a la parte más violenta e irracional de cierta detestable sociedad argentina”, escribió en sus redes sociales.
La frase es excesiva. Una cosa es cuestionar a Leandro Paredes, Nahuel Molina o a quienes participaron del altercado. Otra muy distinta es utilizar ese episodio para descalificar a una parte de la sociedad de un país.
Pérez-Reverte intentó aclarar que los jugadores no representaban a toda la Argentina. Sin embargo, esa salvedad no mejora el mensaje. En los hechos, se atribuyó la autoridad de decidir qué argentinos merecen respeto y cuáles forman parte de una sociedad “detestable”.
Una vara distinta para la Argentina
La pelea merece una condena. La Selección también debe hacerse cargo de que algunos jugadores reaccionaron mal después de perder.
Pero el juicio internacional volvió a mostrar una doble vara. Cuando el exceso es argentino, rápidamente aparecen explicaciones sobre nuestra cultura, nuestra violencia o nuestra supuesta incapacidad para perder. Cuando las provocaciones o las agresiones vienen del otro lado, suelen presentarse como hechos aislados.
Usuarios argentinos le recordaron al escritor las agresiones sufridas por compatriotas en España luego de la final y otros episodios protagonizados por españoles. Esos hechos tampoco permiten definir a toda España como una sociedad violenta.
Ese es precisamente el punto: ningún país puede ser juzgado a partir del comportamiento de un grupo reducido.
Criticar no es despreciar
Pérez-Reverte visita con frecuencia la Argentina y ha expresado públicamente su afecto por el país. Por eso sorprende todavía más que haya elegido una expresión tan despectiva.
Podía decir que los jugadores actuaron mal. Podía reclamarles respeto o señalar que no supieron perder. Todo eso habría sido razonable.
Pero hablar de una “detestable sociedad argentina” no aporta análisis. Solo agrega desprecio y alimenta una narrativa que excede por completo lo ocurrido dentro de una cancha.
La Selección debe responder por la pelea. Pérez-Reverte, por sus palabras.
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