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Rosalía provocó a los argentinos y después borró el mensaje

La cantante española compartió una burla de Mia Khalifa contra la Selección tras la final del Mundial. El gesto generó indignación entre sus propios seguidores argentinos, que cuestionaron la contradicción de atacar al público que días después llenará cuatro de sus shows en Buenos Aires.

21 Jul 2026 - 20:01
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Rosalía tenía todo el derecho de festejar el campeonato de España. Podía celebrar a su selección, felicitar a los jugadores y compartir la alegría de un país que acababa de conquistar la Copa del Mundo. Eligió otra cosa: amplificar una burla dirigida contra la Argentina y sus hinchas.

La cantante española quedó en el centro de la polémica luego de compartir en su cuenta oficial un video publicado por Mia Khalifa tras la final del Mundial 2026. En la grabación, la influencer simulaba cantar “La perla”, uno de los temas del último disco de Rosalía, acompañada por una frase que ironizaba sobre la derrota argentina: “Así suena la vida ahora que las perlas fueron derrotadas”.

No se trató de una interpretación exagerada de los usuarios ni de una publicación ambigua. El mensaje estaba dirigido contra la Selección Argentina y utilizaba la derrota deportiva como excusa para la provocación.

Rosalía decidió compartirlo.

Ese fue el gesto que desató el enojo. No su nacionalidad, no su apoyo a España y tampoco el resultado de la final. La molestia surgió porque una artista con una relación tan estrecha con el público argentino eligió sumarse a una chicana innecesaria en uno de los momentos de mayor tristeza para sus seguidores.

Una provocación que no fue inocente

Las figuras públicas conocen el alcance de sus redes. Cada publicación, cada reacción y cada contenido compartido desde una cuenta oficial implica una decisión. Rosalía sabía —o debía saber— que al reproducir el video no estaba simplemente celebrando un título: estaba validando el mensaje que lo acompañaba.

La cantante no escribió la frase, pero la amplificó ante millones de personas. En redes sociales, compartir también es tomar posición.

La diferencia es importante porque festejar el triunfo propio no exige humillar al derrotado. España había sido superior en la final y se había consagrado legítimamente. No necesitaba la burla de una estrella internacional para reforzar su victoria.

Rosalía podía disfrutar del campeonato sin convertir a los argentinos en objeto de ridiculización. Sin embargo, optó por un contenido que buscaba precisamente eso: provocar, generar reacciones y alimentar la rivalidad más allá de la cancha.

Luego, cuando el mensaje comenzó a circular y llegaron las críticas, tanto ella como Mia Khalifa eliminaron la publicación. Pero borrar un contenido no elimina la decisión de haberlo compartido ni las capturas que ya circulaban en todas las plataformas.

La secuencia fue evidente: provocación, repercusión y retirada.

El país que la recibió con afecto

El enojo de sus seguidores tiene además un contexto que Rosalía no podía desconocer. Argentina fue uno de los países que acompañó con mayor entusiasmo su crecimiento internacional. Sus canciones, sus discos y su estética encontraron aquí una comunidad enorme, activa y fiel.

La propia artista convirtió a Buenos Aires en parte de su imaginario musical y cultivó durante años un vínculo de cercanía con el público local.

Por eso numerosos usuarios le recordaron una contradicción difícil de disimular: mientras en sus canciones proclama que “el cielo nació en Buenos Aires”, en sus redes comparte una provocación contra los mismos seguidores que la escuchan, la defienden y compran entradas para verla.

La polémica adquirió todavía más dimensión porque Rosalía tiene programados cuatro conciertos en el Movistar Arena entre el 1 y el 6 de agosto. Es decir, llegará a la Argentina pocos días después de haberse burlado —aunque fuera mediante una publicación ajena— de un sentimiento profundamente arraigado en buena parte de su público.

En las redes incluso comenzaron a circular instrucciones para solicitar la devolución de las entradas. Es difícil determinar si esa reacción tendrá un impacto real en los recitales, pero revela el grado de decepción que produjo el gesto.

No porque una artista esté obligada a simpatizar con la Selección Argentina. No lo está. Pero existe una diferencia entre apoyar al propio país y provocar deliberadamente a quienes sostienen buena parte de su éxito comercial.

Sus propios fanáticos marcaron distancia

La incomodidad llegó incluso al club de seguidores de Rosalía en la Argentina. La comunidad Motomamis Argentina publicó un comunicado en el que reconoció el enojo, la tristeza y la decepción generados por el contenido compartido.

También aclaró algo elemental: el club de fans no forma parte del equipo de la artista, no interviene en sus decisiones ni tiene responsabilidad sobre sus publicaciones.

La aclaración fue necesaria porque algunos usuarios trasladaron el enojo hacia personas que no participaron del episodio. Ese hostigamiento tampoco es justificable. Criticar una decisión pública de Rosalía no habilita ataques contra sus seguidores, amenazas ni agresiones personales.

El cuestionamiento debe dirigirse hacia la conducta concreta de la artista: compartir una burla y luego borrarla sin explicación.

El propio comunicado de sus fanáticos fue bastante más sensato que el comportamiento de la cantante. Reconoció el malestar, pidió respeto y reclamó que la controversia se atravesara sin odio. Rosalía, en cambio, hasta el momento solo eliminó la publicación.

No hubo aclaración, disculpa ni intento de explicar qué quiso transmitir.

Celebrar no es humillar

En el deporte, la cargada forma parte de la cultura popular. Los hinchas se provocan, celebran y exageran después de cada partido. Pero una artista internacional no actúa desde el mismo lugar que un usuario anónimo o un simpatizante exaltado.

Rosalía tiene una plataforma global y una relación económica y afectiva con millones de seguidores. Cuando utiliza esa plataforma para amplificar una burla, debe asumir que también habrá una respuesta.

La crítica no consiste en exigirle neutralidad ni prohibirle apoyar a España. Consiste en señalar que eligió la forma más pobre de hacerlo.

Podía compartir la Copa, a los futbolistas españoles, la ceremonia o la celebración de su país. Prefirió una frase dedicada a los derrotados. Y cuando esa elección le generó problemas, la hizo desaparecer.

La publicación quizá haya durado pocas horas. La decepción, especialmente entre quienes la admiraban, puede durar bastante más.

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