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Messi cerró su historia en los Mundiales entre lágrimas

El capitán argentino se despidió de las Copas del Mundo tras la derrota ante España. A los 39 años cerró una trayectoria irrepetible: disputó seis Mundiales, jugó tres finales, levantó el trofeo en Qatar y condujo a la Selección durante el ciclo más exitoso de las últimas décadas.

20 Jul 2026 - 05:52
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Messi cerró su historia en los Mundiales entre lágrimas

Lionel Messi permaneció a un costado del campo de juego, con la medalla de subcampeón alrededor del cuello y la mirada perdida hacia la tribuna argentina. Las lágrimas caían mientras España levantaba la Copa del Mundo y miles de hinchas coreaban su nombre. La final no tuvo el desenlace que había soñado, pero tampoco pudo borrar una historia que ya pertenece para siempre al fútbol argentino.

A los 39 años, el capitán disputó el que todo indica fue su último partido en un Mundial. La derrota por 1 a 0 frente a España, en el segundo tiempo suplementario, cerró su sexta participación en la máxima competencia y puso fin a una trayectoria mundialista extraordinaria, construida entre frustraciones, resistencia, revancha y gloria.

Messi había anticipado, antes de la final, que ningún resultado podría modificar lo conseguido por esta generación.

“Pase lo que pase, este grupo ya escribió una historia que nunca vamos a olvidar y que nadie podrá borrar”, había expresado.

Sus palabras adquirieron otro significado después del partido. Argentina no logró defender el título obtenido en Qatar 2022, pero volvió a llegar hasta el último encuentro del Mundial y ratificó la vigencia de un ciclo que durante más de un lustro transformó la relación entre la Selección y sus hinchas.

Una despedida cargada de dolor

Tras el pitazo final, Messi quedó inmóvil durante varios segundos. Mientras los futbolistas españoles comenzaban los festejos, el capitán argentino se sentó sobre el césped junto a sus compañeros, todavía intentando comprender una derrota que llegó cuando el partido se encaminaba hacia los penales.

Luego se quitó las medias con bronca y buscó a su familia en uno de los sectores bajos del estadio. También lo hicieron otros integrantes del plantel, que encontraron allí el consuelo inmediato después de casi dos horas de tensión, desgaste y resistencia.

Dibu Martínez, la gran figura argentina en la final, recorrió el campo para abrazar a sus compañeros. Lionel Scaloni y el cuerpo técnico permanecieron de pie, golpeados por un resultado que puso fin a una extensa racha sin derrotas en partidos definitorios.

Cuando llegó el momento de recibir las medallas, Messi encabezó la fila argentina. El estadio lo recibió con una ovación y desde la cabecera albiceleste bajó el canto de los hinchas que acompañó a esta generación durante sus mejores años.

El capitán se quedó frente a ellos, con los brazos detrás del cuerpo y los ojos llenos de lágrimas. En la ceremonia en la que España recibió la Copa que Argentina había conquistado cuatro años antes, el público volvió a corear “Messi”, incluso después de que Rodri fuera anunciado como el mejor jugador del torneo.

No hubo vuelta olímpica ni papelitos celestes y blancos. Esta vez, la imagen que quedó fue la de un país abrazando simbólicamente a su capitán en el momento más doloroso.

Su último Mundial

Messi se despidió de la competencia en la que construyó buena parte de su leyenda. Debutó en Alemania 2006, con apenas 18 años, y atravesó seis ediciones marcadas por etapas muy diferentes de su carrera.

Jugó en Sudáfrica 2010, alcanzó la final de Brasil 2014, vivió la eliminación ante Francia en Rusia 2018, conquistó el título en Qatar 2022 y volvió a disputar el partido decisivo en 2026.

En Nueva Jersey se convirtió en el primer futbolista de la historia en ser titular en tres finales mundialistas: frente a Alemania en 2014, ante Francia en 2022 y contra España en 2026.

También extendió a 34 su récord de partidos disputados en Copas del Mundo y se convirtió en el jugador de campo de mayor edad en participar de una final.

Llegó vigente a los 39 años y volvió a ser determinante durante el torneo. Marcó ocho goles, convirtió en los primeros cinco encuentros y terminó como el segundo máximo anotador de la competencia, detrás del francés Kylian Mbappé, ganador de la Bota de Oro con diez conquistas.

Sin embargo, en la final quedó atrapado en el dominio español. Recibió lejos del arco, rodeado por rivales y sin los espacios necesarios para influir. Argentina no logró conectarlo con Julián Álvarez y terminó el partido sin remates al arco.

La Selección sufrió las lesiones de Lisandro Martínez y Cristian Romero, la expulsión de Enzo Fernández y el desgaste de jugar gran parte del encuentro con un futbolista menos. Resistió gracias a las atajadas de Dibu Martínez, pero Ferran Torres marcó el único gol durante el segundo tiempo del alargue.

Messi intentó conducir una última reacción. Argentina empujó con más corazón que fútbol y tuvo su oportunidad más clara en una volea de Giuliano Simeone que se fue por encima del travesaño. Esta vez, el milagro no llegó.

De las frustraciones a la gloria

La despedida mundialista de Messi no puede explicarse únicamente desde la derrota ante España. Su recorrido con la Selección estuvo marcado por años de cuestionamientos, finales perdidas y momentos en los que incluso llegó a anunciar su renuncia.

Durante mucho tiempo cargó con la comparación permanente con Diego Maradona y con la exigencia de trasladar a la camiseta argentina todos sus éxitos en Barcelona.

Perdió la final del Mundial de Brasil 2014 y las definiciones de las Copas América de 2015 y 2016. Después de aquella derrota ante Chile, justamente en Estados Unidos, llegó a decir que su ciclo en la Selección había terminado.

Pero regresó. Y con la llegada de Lionel Scaloni comenzó otra historia.

Argentina conquistó la Copa América de Brasil 2021, la primera gran consagración de Messi con la Selección mayor. Luego ganó la Finalissima ante Italia en Wembley y alcanzó la gloria máxima en Qatar 2022, donde el capitán levantó la Copa del Mundo después de una final inolvidable frente a Francia.

El ciclo continuó con una nueva Copa América y con otra clasificación a la final mundialista. En ese recorrido, Messi dejó de ser solamente el mejor jugador del equipo para convertirse en el líder emocional de una generación que encontró en él una referencia deportiva y humana.

La comunión con los hinchas, que durante años había resultado distante y compleja, se volvió absoluta. El país lo vio disfrutar, sufrir, abrazarse con sus compañeros y finalmente levantar el trofeo que había buscado durante toda su carrera.

El final de una era

La derrota ante España también abrió interrogantes sobre el futuro de la Selección. Nicolás Otamendi confirmó su despedida y Lionel Scaloni admitió que necesita tiempo para decidir si continuará después de diciembre.

Messi todavía no anunció formalmente qué hará con la camiseta argentina. Sin embargo, su edad y sus propias declaraciones anteriores indican que no volverá a disputar una Copa del Mundo.

Su ausencia obligará a reconstruir mucho más que un equipo. Durante este Mundial fue el eje futbolístico, el máximo goleador argentino y la figura alrededor de la cual continuó girando la estructura ofensiva.

Scaloni reconoció después de la final la dimensión de lo realizado por el capitán.

“Espero que la gente esté orgullosa de él. Es el mejor futbolista que ha pisado un campo de fútbol. Es increíble lo que hizo en este Mundial”, señaló el entrenador.

La Selección deberá encontrar nuevos liderazgos, renovar jugadores y construir otra identidad. Será una transición inevitable después de una etapa difícil de repetir.

Gracias, capitán

Messi no pudo despedirse levantando otra Copa, pero tampoco necesitaba una nueva consagración para completar su legado.

Fue campeón del mundo, bicampeón de América, ganador de la Finalissima, máximo goleador histórico de la Selección y protagonista de tres finales mundialistas. Convirtió a lo largo de dos décadas, resistió cuestionamientos y regresó después de cada golpe.

En Qatar alcanzó aquello que parecía imposible. En 2026 volvió a llevar a Argentina hasta el último partido y cerró su recorrido mundialista compitiendo por una nueva estrella.

Las lágrimas de Nueva Jersey no fueron las de un futbolista derrotado por su historia, sino las de un campeón que entendía que acababa de terminar una parte fundamental de su vida.

Argentina perdió una final. Messi cerró una era. Y un país entero comenzó a extrañarlo incluso antes de verlo abandonar el campo.

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