La inflación baja en las preocupaciones, pero el salario sigue sin alcanzar
Una encuesta nacional muestra una paradoja en el humor social: la inflación quedó última entre diez preocupaciones, pero el 81,8% asegura que su sueldo no le gana a los precios y dos de cada tres desconfían del dato oficial. En ese escenario, Milei y Kicillof mejoraron sus números, aunque ninguno alcanza todavía el 30% de voto seguro rumbo a 2027.
La inflación dejó de ocupar el centro de las preocupaciones de los argentinos, pero el alivio todavía no llegó al bolsillo. El 81,8% asegura que su salario no le gana a la inflación y el 67,1% considera que los datos publicados por el INDEC no reflejan lo que experimenta en su vida cotidiana, mientras ingresos y salarios aparecen como el principal problema señalado por los encuestados.
Los datos pertenecen al Monitor de Opinión Pública de septiembre de Zentrix Consultora, realizado sobre 1.438 casos en todo el país entre el 22 y el 30 de septiembre. El relevamiento tiene un margen de error teórico de ±2,6% y un nivel de confianza del 95%.
La aparente contradicción es uno de los datos más interesantes del estudio. La inflación aparece última entre diez preocupaciones, con apenas 12,7%, muy lejos de ingresos y salarios, que alcanza el 50,1%; incertidumbre económica, 49,8%; desempleo, 40,9%; corrupción, 39,6%; y tarifas de servicios públicos, 35,2%.
Que la inflación pierda centralidad no significa necesariamente que los hogares hayan recuperado poder adquisitivo. Puede mostrar algo diferente: mientras el índice mensual mide a qué velocidad continúan aumentando los precios, las familias enfrentan el nivel que esos precios ya alcanzaron y lo comparan con sus ingresos. Por eso puede desacelerarse la inflación y, al mismo tiempo, persistir la sensación de que el sueldo no alcanza.
El sueldo se termina antes que el mes
El relevamiento permite ver esa situación con mayor claridad cuando se cruza por nivel socioeconómico. Entre los sectores de menores ingresos, el 59,6% señala que el dinero se termina antes del día 15 y el 83,3% llega como máximo hasta el día 20. En el otro extremo, el 61,9% de la clase alta afirma que llega a fin de mes e incluso puede ahorrar.
La percepción atraviesa incluso al propio electorado oficialista. Entre quienes votaron al Gobierno en 2025, el 59,1% reconoce que su salario no le gana a la inflación, aunque otro 31,8% considera que sí. Entre los votantes opositores, la distancia es mucho mayor: el 97% sostiene que sus ingresos pierden frente a los precios.
El clima general tampoco muestra demasiado optimismo. El 57,4% se declara pesimista respecto del futuro del país, frente a un 34,3% optimista. Además, mientras el 39,3% califica negativamente su propia situación económica, el porcentaje trepa al 61,5% cuando la pregunta es por la economía argentina.
Hay, por lo tanto, una diferencia entre cómo cada persona observa su economía y cómo evalúa el rumbo colectivo: la percepción del país es considerablemente peor que la experiencia económica individual.
Milei mejora, pero también aumenta su desaprobación
En ese escenario, Javier Milei recuperó aprobación durante septiembre. Pasó del 32,2% de agosto al 35,2%, el registro más alto desde marzo. Sin embargo, el movimiento tiene una particularidad: la desaprobación también aumentó, desde 54,1% hasta 56,8%.
Lo que disminuyó fue el grupo que no tomaba posición, que pasó del 13,3% al 8,1%. El resultado es una opinión pública más definida, pero no necesariamente más favorable al Gobierno: la diferencia entre aprobación y desaprobación continúa alrededor de los 22 puntos negativos.
La composición del respaldo a Milei muestra otra particularidad. La aprobación alcanza el 58,8% en la clase alta, baja al 39,9% en la media y llega apenas al 19,8% entre los sectores bajos.
Pero la edad introduce una aparente paradoja: los jóvenes son quienes peor califican la situación económica del país y, simultáneamente, quienes más aprueban al Presidente. Entre los 18 y 39 años, el 69,1% considera negativa la economía argentina, mientras la aprobación de Milei llega al 42,5% y su imagen positiva al 50,9%.
Es uno de los cruces más llamativos del estudio porque indica que una mala evaluación de la economía actual no necesariamente se traduce en rechazo político al Gobierno.
Kicillof también crece
Axel Kicillof también mejoró durante septiembre. Su imagen positiva pasó de 36,2% a 38,2%, mientras la negativa quedó en 53,6%. Es su mejor registro desde mayo.
Pero el mapa de apoyos prácticamente invierte el de Milei. Kicillof obtiene 49,3% de imagen positiva en la clase baja y solamente 17,4% en la alta; alcanza 45,1% entre las mujeres y 30,7% entre los hombres, mientras su valoración aumenta con la edad.
Los dos dirigentes aparecen así como expresiones de electorados socialmente diferentes más que como competidores que disputan exactamente al mismo votante.
Ninguno llega todavía al 30% de voto seguro
Cuando la encuesta abandona la imagen y pregunta directamente por 2027, Milei y Kicillof aparecen prácticamente empatados en sus pisos electorales.
El Presidente registra un 28,3% de voto seguro, frente al 26,5% de agosto. Kicillof alcanza el 27,1%, contra 25,9% del mes anterior. Ninguno rompe todavía la barrera del 30%.
La diferencia aparece en el voto potencial. Milei suma otro 9% que responde que podría votarlo, lo que llevaría su universo posible al 37,3%. Kicillof tiene un 20,7% adicional de electores que consideran que podrían acompañarlo y alcanza así un potencial del 47,8%.
Pero no significan lo mismo. Milei tiene un electorado potencial menor, aunque una proporción mucho mayor ya está decidida; Kicillof dispone de un universo más amplio, pero también mucho más blando.
Los dos enfrentan, además, techos importantes: el 59,3% afirma que jamás votaría a Milei y el 50,4% dice lo mismo de Kicillof.
El escenario que deja septiembre no es entonces el de una sociedad que haya dejado atrás el problema económico. Cambió el nombre de la preocupación. La inflación perdió protagonismo, pero los ingresos, los salarios y la incertidumbre económica ocuparon su lugar.
Y esa diferencia será central hacia 2027: una cosa es conseguir que los precios aumenten más lentamente y otra, bastante más difícil, que los hogares vuelvan a sentir que el sueldo alcanza.
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