Santilli, frente a su mayor desafío
La nueva Jefatura de Gabinete comienza con un escenario complejo: una imagen condicionada por la polarización, demandas económicas distintas según el electorado y un único punto de coincidencia entre oficialismo y oposición: el deterioro del bolsillo.
La llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete no sólo implica un cambio de nombres dentro del Gobierno nacional. También pone a prueba la capacidad de un dirigente que deberá administrar una gestión atravesada por una de las mayores grietas políticas de los últimos años y, al mismo tiempo, responder a una sociedad que sigue mirando de cerca su economía cotidiana.
Los datos del último Monitor de Opinión Pública (MOP), elaborado por Zentrix Consultora antes de su designación, muestran con claridad cuál será el terreno sobre el que deberá moverse. Su imagen continúa siendo negativa en términos generales, aunque exhibe una ventaja importante frente a otros referentes oficialistas: genera un rechazo considerablemente menor que el de Manuel Adorni y conserva niveles de aceptación sólidos entre quienes respaldan al Gobierno.
Sin embargo, esa fortaleza tiene un límite muy marcado. Santilli no aparece como un dirigente capaz de atravesar la grieta. Por el contrario, su valoración depende casi exclusivamente del posicionamiento político de quien responde la encuesta.
Entre quienes votaron a La Libertad Avanza, ocho de cada diez tienen una imagen positiva del nuevo jefe de Gabinete. Del otro lado ocurre prácticamente lo inverso: más del 80% de los votantes opositores manifiestan una opinión negativa. La polarización, lejos de atenuarse, también alcanza a quien proviene del PRO y ahora ocupa uno de los cargos más sensibles del Poder Ejecutivo.
El dato resulta llamativo porque durante años Santilli construyó un perfil moderado, asociado a la gestión y al consenso. Sin embargo, el estudio refleja que su incorporación al gabinete libertario terminó ubicándolo dentro de la misma lógica de confrontación que caracteriza al oficialismo.
Un dirigente que seduce más a los mayores
El informe también deja al descubierto una característica poco habitual dentro del universo libertario.
Mientras el presidente Javier Milei concentra su mejor imagen entre los menores de 40 años, Santilli obtiene exactamente el comportamiento inverso.
Su valoración mejora a medida que aumenta la edad de los entrevistados. Los mayores de 60 años son quienes más lo respaldan, mientras que entre los jóvenes aparece su nivel más bajo de aceptación.
Ese comportamiento podría transformarse en un activo político para el Gobierno. Si logra consolidar ese segmento, Santilli podría fortalecer la presencia oficial justamente donde el Presidente encuentra mayores dificultades para expandirse.
Las diferencias también aparecen al observar el nivel socioeconómico.
La imagen positiva supera el 50% entre los sectores de mayores ingresos y mantiene niveles elevados en la clase media. En cambio, entre los sectores de menores recursos el rechazo supera ampliamente el 60%, el porcentaje más alto registrado en todo el estudio.
La distribución geográfica aporta otro dato relevante. Contra lo que podría suponerse para un dirigente identificado históricamente con el PRO, su mejor desempeño no se encuentra ni en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ni en la provincia de Buenos Aires, sino en el interior del país, donde consigue niveles de aprobación ligeramente superiores al promedio nacional.
Dos países políticos conviven bajo el mismo Gobierno
Más allá de la imagen personal del nuevo jefe de Gabinete, el estudio ofrece una radiografía mucho más profunda sobre las preocupaciones de los argentinos.
La encuesta confirma que oficialismo y oposición viven prácticamente en agendas diferentes.
Entre quienes respaldan al Gobierno, la principal preocupación continúa siendo la deuda heredada. Le siguen la corrupción y la incertidumbre económica. Recién después aparecen cuestiones que históricamente dominaron la agenda pública, como el desempleo y la inflación.
Ese orden refleja una mirada orientada hacia el proceso de reorganización económica que impulsa la administración nacional. Para buena parte de ese electorado, la prioridad sigue siendo resolver problemas estructurales antes que atender exclusivamente la coyuntura.
En cambio, entre los votantes opositores ocurre exactamente lo contrario.
La incertidumbre económica ocupa el primer lugar, seguida por los ingresos familiares y el salario. La corrupción aparece nuevamente entre las principales inquietudes, aunque desde una perspectiva distinta.
La diferencia no es menor.
Mientras el oficialismo evalúa la gestión a partir del rumbo económico general, la oposición observa casi exclusivamente el impacto inmediato sobre el bolsillo.
Ese contraste condicionará buena parte del trabajo político que deberá desarrollar Santilli desde la coordinación del gabinete.
El bolsillo, el único punto de encuentro
Pese a las profundas diferencias ideológicas, existe un aspecto donde ambos electorados coinciden.
La pérdida de poder adquisitivo atraviesa a todos los sectores, aunque con distinta intensidad.
Más de la mitad de los votantes oficialistas reconoce que sus ingresos alcanzan apenas hasta el día 20 de cada mes. Entre quienes se identifican con la oposición, esa situación afecta a casi tres de cada cuatro personas.
Las percepciones sobre el salario muestran una distancia todavía mayor.
Sólo uno de cada cuatro votantes libertarios considera que su ingreso logró superar a la inflación. Entre los opositores prácticamente nadie comparte esa visión.
La posibilidad de ahorrar también refleja esa brecha.
Mientras cerca del 19% de quienes apoyan al Gobierno afirma llegar a fin de mes con capacidad de ahorro, entre los opositores apenas lo consigue un porcentaje mínimo.
El informe deja una conclusión contundente: la fragilidad económica es una preocupación transversal, aunque las expectativas respecto de cómo resolverla cambian radicalmente según la identidad política de cada ciudadano.
El desafío comienza ahora
La Jefatura de Gabinete suele convertirse en uno de los principales termómetros políticos de cualquier administración. Allí convergen la coordinación de ministros, la negociación parlamentaria, la comunicación del Gobierno y buena parte de la gestión cotidiana.
Santilli llega a ese cargo con una ventaja relativa dentro del oficialismo: una imagen menos desgastada que la de otros funcionarios nacionales. Pero también desembarca con un margen de maniobra reducido por una polarización que condiciona cada movimiento.
El verdadero examen no estará solamente en sostener el respaldo del electorado libertario. La mayor incógnita será si logra construir respuestas capaces de contener a una sociedad que, más allá de las diferencias políticas, continúa colocando al poder adquisitivo entre sus principales preocupaciones. Porque, mientras la grieta divide diagnósticos y responsabilidades, el bolsillo sigue siendo el único problema que todos reconocen como propio.
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