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La economía le pone un límite a la motosierra

La menor actividad y el estancamiento de los salarios ya explican el 60% de la pérdida real de recaudación respecto de 2023. Con menos ingresos y buena parte del gasto ya ajustado o indexado, al Gobierno se le achica el margen para sostener el superávit, profundizar los recortes y avanzar con nuevas bajas de impuestos.

10 Ago 2026 - 05:12
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La economía le pone un límite a la motosierra

Después de más de dos años con el ajuste del gasto público como una de las principales herramientas para sostener el equilibrio fiscal, el problema comienza a aparecer del otro lado de las cuentas: el Estado recauda menos porque una parte importante de la economía continúa débil.

Un informe del banco británico Barclays calculó que los impuestos vinculados con la actividad económica y los ingresos laborales explican el 60% de la caída real de los recursos fiscales entre el primer semestre de 2023 y el mismo período de 2026.

La situación abre un nuevo desafío para el programa económico del Gobierno de Javier Milei: con una recaudación debilitada y después de fuertes recortes en distintas áreas del Estado, cada vez resulta más difícil compensar la caída de ingresos con más “motosierra”.

Una economía que avanza a distintas velocidades

El problema no es que todos los sectores estén cayendo. Por el contrario, la economía muestra comportamientos muy diferentes.

Mientras agro, minería y energía registran crecimiento, sectores con fuerte incidencia sobre el empleo, el consumo y la recaudación, como industria, construcción y comercio, continúan mostrando debilidad.

Econviews sintetizó esa situación al señalar que buena parte de la economía todavía no logra despegar. Los sectores actualmente más dinámicos —minería, agro y energía— representan apenas el 13% del PBI, por lo que su crecimiento no alcanza por sí solo para impulsar al conjunto de la actividad.

Esa recuperación desigual empieza ahora a reflejarse directamente en las cuentas públicas.

Según Invecq, los impuestos ligados a la actividad económica cayeron 2,7% interanual real en julio y acumulan una baja de 2,5% durante los primeros siete meses del año. Econviews calcula, además, que llevan nueve meses consecutivos en retroceso.

El empleo y los salarios también pasan factura

Otro indicador que muestra las dificultades es la recaudación de la seguridad social.

Los aportes retrocedieron 3,2% interanual y llevan casi un año estancados en términos desestacionalizados. Allí inciden la evolución del empleo y los salarios, aunque también los nuevos regímenes que redujeron contribuciones para determinados trabajadores formalizados.

No toda la caída de la recaudación, sin embargo, puede atribuirse a la debilidad económica. También influyeron reducciones de impuestos, menores alícuotas, exenciones, modificaciones regulatorias y cuestiones de calendario.

Aun así, los distintos análisis coinciden en que el menor dinamismo de la economía urbana y de los ingresos laborales ya se convirtió en un factor relevante para explicar la pérdida de recursos fiscales.

El superávit empieza a achicarse

El deterioro de los ingresos tiene consecuencias sobre uno de los principales pilares del programa económico.

Barclays estima que los recursos del Estado se encuentran 2,6 puntos del PBI por debajo de los niveles de 2023. Al mismo tiempo, el superávit primario acumulado durante los últimos doce meses cayó desde un máximo del 1,8% del PBI en enero de 2025 al 1,2%.

El banco proyecta que 2026 podría terminar con un superávit primario equivalente al 1% del PBI, por debajo de la meta del 1,4% acordada con el Fondo Monetario Internacional.

Esto no implica, según Barclays, que las cuentas públicas hayan ingresado en una trayectoria insostenible. Con un superávit del 1%, crecimiento anual cercano al 2,5% y tasas de interés reales del 5%, el nivel de deuda todavía podría estabilizarse en el tiempo.

¿Cuánto más se puede recortar?

Ahí aparece otro de los límites.

En el primer semestre de 2026, el gasto social se ubicó 14% por debajo de 2023, los subsidios cayeron 61% y el gasto de capital se redujo 85%. Esos tres componentes explican alrededor de tres cuartas partes de toda la reducción del gasto público.

Pero aproximadamente el 67% del gasto primario está actualmente indexado por fórmula, principalmente jubilaciones, pensiones y asignaciones. Modificar esas partidas requeriría cambios normativos.

Del resto, cerca del 30% corresponde a gastos discrecionales —subsidios, funcionamiento del Estado, transferencias y obra pública— que ya vienen siendo recortados por tercer año consecutivo.

Por eso, Econviews advierte que “no quedan áreas obvias para ajustar”.

Menos margen también para bajar impuestos

El escenario plantea una paradoja adicional para el Gobierno.

Mientras prepara una reforma tributaria y sostiene como objetivo continuar reduciendo impuestos, una recaudación más débil hace más difícil resignar nuevos recursos sin comprometer el resultado fiscal.

Uno de los tributos cuya eliminación gradual estaría bajo análisis es el impuesto a los créditos y débitos. Pero actualmente aporta alrededor del 1,6% del PBI, por lo que prescindir de esos ingresos en el corto plazo exigiría encontrar otra fuente de financiamiento.

El desafío para la segunda mitad del año queda así planteado: para sostener el superávit sin profundizar todavía más el ajuste, el Gobierno necesita que la actividad económica y, con ella, la recaudación recuperen fuerza.

Después de una primera etapa en la que el equilibrio fiscal se construyó principalmente reduciendo gastos, el límite empieza a marcarlo la capacidad de la economía para generar los ingresos necesarios para sostenerlo.

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