Caro Figueroa: “Salta, por fin, inicia su transición demográfica”
El abogado y periodista rechazó atribuir la caída de los nacimientos a la legalización del aborto y propuso una lectura distinta del fenómeno. Para Luis Caro Figueroa, detrás de las cifras puede haber un cambio mucho más profundo en la sociedad salteña, relacionado con la educación, el trabajo de las mujeres, la urbanización y una nueva forma de pensar la familia.
La caída de la natalidad en Salta encendió rápidamente las alarmas. Los datos conocidos este año muestran una reducción del 45,1% de los nacimientos registrados durante el primer semestre de 2026 y las explicaciones aparecieron casi al mismo tiempo: la situación económica, los cambios culturales, las nuevas formas de vincularse y hasta el impacto de las redes sociales.
Luis Caro Figueroa propone mirar el mismo dato desde otro lugar.
“Salta, por fin, está iniciando su transición demográfica”, sostuvo el abogado y periodista, director de Iruya.com y residente en España, durante su columna en Interactiva Noticias.
Antes marcó una diferencia tajante con la explicación que vinculó el presidente Javier Milei con la legalización del aborto. “Relacionar el descenso de la natalidad con el aborto es una auténtica barbaridad”, afirmó. También tomó distancia de quienes leen las cifras salteñas como una “pequeña catástrofe demográfica” o las atribuyen exclusivamente a la coyuntura económica.
Su hipótesis es otra. La transición demográfica describe el proceso por el cual una sociedad deja atrás un esquema caracterizado por altas tasas de natalidad y mortalidad y avanza hacia otro en el que ambas disminuyen. Pero, según explicó, el fenómeno no consiste simplemente en que nazcan menos chicos.
“Es un cambio estructural en el comportamiento demográfico de una sociedad”, señaló, y lo vinculó directamente con los procesos de modernización.
La transformación alcanza el tamaño de las familias, la estructura de edades, la esperanza de vida, la distribución territorial de la población y, finalmente, la organización económica y social. En el caso salteño, Caro Figueroa considera que algunos de esos movimientos ya comenzaron y que otros avanzan con bastante más lentitud. Incluso planteó que el desarrollo minero podría acelerar parte de ese proceso.
Por qué empiezan a nacer menos chicos
Caro Figueroa recordó que Salta mantuvo durante décadas características demográficas propias de sociedades con familias numerosas y mayor mortalidad infantil. A medida que mejoran las condiciones sanitarias, la medicina y la expectativa de vida, primero cae la mortalidad mientras la natalidad permanece elevada. La consecuencia es un fuerte crecimiento poblacional.
Después llega otra etapa: también comienzan a disminuir los nacimientos.
Y es precisamente allí donde ubica lo que estaría ocurriendo ahora en Salta.
Entre las razones mencionó una mayor educación, particularmente entre las mujeres, su incorporación al mercado laboral, el avance de la urbanización, el acceso a métodos anticonceptivos, una menor necesidad económica de tener familias numerosas y el aumento de los costos asociados a la crianza, especialmente en educación y salud. A eso agregó un cambio en las expectativas sobre la propia familia.
“Todo eso es modernización”, resumió.
Sumó además un factor menos mencionado cuando se analiza la natalidad salteña: la secularización, entendida como la pérdida progresiva de centralidad de la religión en las decisiones sociales, políticas y culturales. Para Caro Figueroa, modernización y secularización suelen avanzar relacionadas, aunque advirtió que una no debe confundirse automáticamente con la otra.
Qué significa modernizar Salta
La conversación sobre nacimientos terminó abriendo una discusión bastante más amplia. Porque para Caro Figueroa el problema no es solamente determinar si Salta se está modernizando, sino decidir qué se entiende por modernización.
Y allí fue especialmente crítico.
Cuestionó la idea de asociarla automáticamente con tecnología, digitalización o inteligencia artificial. “Así no se moderniza una sociedad”, afirmó al referirse a determinadas políticas públicas. Tampoco considera que expedientes digitales, trámites online, vehículos eléctricos o pagos mediante códigos QR alcancen para hablar de una sociedad moderna.
Su definición va por otro camino: educación, autonomía económica, expansión de las clases medias, libertades, participación ciudadana, instituciones capaces de controlar al poder y una democracia de mayor calidad.
“Modernizar es multiplicar la cantidad de ciudadanos con capacidad efectiva para sostener la democracia y el bienestar del futuro”, sostuvo. Y agregó una fórmula bastante menos tecnológica: “Esto no se consigue con aparatos que se conecten por USB. Se consigue con educación y con reformas, con más educación y con más reformas y, por supuesto, con justicia”.
Desde esa perspectiva, el dato que abrió la conversación adquiere otro significado. Que en Salta nazcan menos chicos puede plantear desafíos concretos para los próximos años, pero Caro Figueroa rechaza leerlo automáticamente como una señal de decadencia.
Su apuesta es exactamente la contraria: que detrás de esa cifra esté empezando a aparecer una sociedad distinta.
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