No fue un saludo más de fin de año. Tampoco un mensaje cómodo. El intendente de la ciudad de Salta, Emiliano Durand, eligió cerrar el año con una campaña que incomoda, que duele y que obliga a mirar de frente una realidad que suele esconderse detrás de las estadísticas: las vidas que se pierden en siniestros viales y las familias que quedan marcadas para siempre.
El mensaje final del intendente fue breve y cálido: “Podés compartir con la gente que querés, que se abracen, que la pasen lindos. Deseo a vos, que sos vecino de la ciudad de Salta, una muy feliz Navidad”. Pero ese deseo llegó después de una secuencia de testimonios imposibles de ignorar.
Madres, padres y familiares pusieron voz a la ausencia. “Un día estoy bien y otro día no puedo, porque el dolor es muy grande”, dice una madre, con la crudeza de quien aprendió a convivir con el vacío. Otro testimonio relata la vida después de la pérdida: “Yo me quedé con seis chicos. Hice de papá y mamá a la vez”. Y hay palabras que se quiebran solas: “Era mi hija, pero también mi amiga. Era la que me esperaba cuando llegaba de trabajar”.
No hay efectos especiales ni golpes bajos. Hay verdad. Y esa verdad es el corazón de la campaña que impulsó la Municipalidad de la Ciudad de Salta: recordar que cada exceso de velocidad, cada mirada al celular, cada imprudencia al volante puede traducirse en una silla vacía en la mesa de Navidad.
“El exceso de velocidad no te hace llegar antes, te hace arriesgar una vida”, advierte el mensaje central. Y va más allá: recuerda que alguien, este año, no va a escuchar un “Feliz Navidad”. Que alguien no va a abrazar a su hijo, a su madre, a su compañera. Que una decisión de segundos puede convertirse en una ausencia para siempre.
La campaña no busca sancionar ni señalar con el dedo. Busca conciencia. Busca que el mensaje cale justo donde más duele: en la empatía, en la memoria y en el amor por los que están. Y también por los que ya no.
En tiempos donde todo corre rápido, la Municipalidad eligió frenar. Frenar para recordar que manejar no es un acto individual, que cada maniobra involucra vidas ajenas, historias completas, futuros enteros.
Estas fiestas, el mensaje es claro y directo: pensar dos veces antes de acelerar. Porque llegar un poco antes no vale una ausencia eterna.







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