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Hasta el próximo año: Salta volvió a cumplir su Pacto

Miles de personas acompañaron al Señor y la Virgen del Milagro hasta renovar una promesa que atraviesa generaciones. Hubo lágrimas, peregrinos que caminaron durante días y un mensaje de Cargnello que habló de narcotráfico, mentira, familia, política y de una Argentina que necesita volver a encontrarse.

15 Sep 2026 - 21:30
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Hasta el próximo año: Salta volvió a cumplir su Pacto

Hay un momento en que Salta parece detenerse.

No importa demasiado de dónde viene cada uno, qué piensa, cuánto tiene o a quién vota. Hay personas que caminaron cientos de kilómetros, otras que esperaron durante horas en una vereda y otras que simplemente salieron de sus casas para volver a verlos pasar.

Este 15 de septiembre volvió a ocurrir.

El Señor y la Virgen del Milagro salieron de la Catedral y miles de personas caminaron detrás de ellos hasta renovar, una vez más, el Pacto de Fidelidad.

Hubo pañuelos blancos, pétalos, campanas, lágrimas y promesas que solamente conoce quien las lleva. Familias enteras. Abuelos con nietos. Jóvenes. Peregrinos que llegaron después de días de camino. Personas que fueron a pedir y otras que volvieron para agradecer.

Pero el Milagro de este año también dejó palabras incómodas.

Frente a la multitud reunida en el Monumento 20 de Febrero y con autoridades nacionales y provinciales presentes, monseñor Mario Antonio Cargnello habló de problemas que están bastante más cerca de la vida cotidiana que de una homilía.

Uno de ellos fue la droga.

El narcotráfico es genocida, ser cómplices de ese negocio infame es un pecado gravísimo, clama al cielo”, sostuvo.

Y pidió no acostumbrarse.

No naturalicemos el uso y la difusión de la droga”, reclamó antes de resumir su mensaje en dos palabras: “Digamos basta”.

Habló por los jóvenes atrapados en las adicciones, por quienes perdieron la vida y por las familias que conviven con una realidad que ya no puede mirarse desde lejos.

También habló de la mentira.

No solamente de la mentira entre dos personas. La llevó a la vida pública, a la economía y a la política.

La mentira corroe y destruye el vínculo entre las personas, destruye la confianza”, advirtió, y cuestionó una forma de convivencia donde la agresión, la difamación y la calumnia terminan ocupando el lugar del diálogo.

No fue un mensaje dirigido exclusivamente a quienes gobiernan. Cargnello habló de una sociedad que necesita revisar cómo se relaciona.

También defendió la vida desde la concepción hasta la muerte natural, habló de quienes quedan en los márgenes y dejó una pregunta: “¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio y a quien depende del cuidado de los demás?”

A los jóvenes les pidió que no tengan miedo de comprometerse, de amar y de formar una familia.

Y a todos les propuso mirar a los peregrinos.

Porque quizás allí estuvo una de las imágenes más fuertes de este Milagro: durante varios días, desconocidos dieron comida, agua y un lugar para descansar a personas que nunca habían visto. Otros curaron pies lastimados, ofrecieron una cama o simplemente acompañaron.

Cargnello se preguntó por qué esa Salta que aparece durante el Milagro no puede existir también el resto del año.

La fe rompe las grietas y nos ayuda a ser más humanos”, expresó al agradecer a quienes recibieron a los peregrinos.

Y dejó otra frase que salió de la celebración religiosa para meterse de lleno en el momento que atraviesa el país:

A la Nación se la saca adelante cuando trabajamos juntos y no peleando como niños”.

Este Milagro tuvo además un significado particular para el propio arzobispo. Después de casi tres décadas al frente de la Iglesia salteña, puede haber sido una de sus últimas procesiones como arzobispo antes de su retiro pastoral.

Hubo agradecimientos y recuerdos de aquel joven obispo que llegó a Salta en 1999. Cuando le preguntaron qué vendrá después, respondió simplemente: “No sé qué va a pasar conmigo”.

Después llegó el regreso.

La Virgen volvió a la Catedral entre pétalos y pañuelos. Más tarde llegó el Señor del Milagro, acompañado por las campanas, el himno y una multitud que parecía resistirse a terminar el día.

Entonces volvió a escucharse esa despedida que Salta conoce de memoria:

“Señor, nosotros somos tuyos y tú eres nuestro. Hasta el próximo año”.

Y quizás eso sea lo más difícil de explicar del Milagro.

Las imágenes regresan a la Catedral, las calles vuelven lentamente a la normalidad y los peregrinos emprenden el camino de regreso. Pero quedan las promesas, los agradecimientos, los pedidos que nadie escuchó y esa multitud que, al menos durante unas horas, consiguió caminar en la misma dirección.

Hasta el próximo año. Feliz Milagro, Salta.

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Marcela Perez

Marcela Pérez -Periodista - Salta Mis redes: https://x.com/Marcela_PerezOk https://www.instagram.com/interactivanoticias/ https://www.facebook.com/interactivanoticias

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