Malvinas: Chile respalda a Argentina, pero defiende el comercio con las islas
El ministro de Defensa chileno, Fernando Barros Tocornal, ratificó el apoyo al reclamo argentino, pero introdujo diferencias sensibles: pidió considerar la voluntad de los habitantes de las islas, defendió una conexión comercial con Punta Arenas y relativizó el alcance jurídico de los compromisos regionales. La discusión adquiere otra dimensión frente al desarrollo petrolero de Sea Lion.
Chile no retiró su respaldo al reclamo argentino por las Islas Malvinas. Pero las últimas declaraciones de su ministro de Defensa, Fernando Barros Tocornal, abrieron una diferencia importante sobre qué significa ese apoyo cuando llega el momento de llevarlo a la práctica.
“Chile ha señalado que apoya la pretensión argentina, su reclamo de soberanía sobre las Malvinas o Falkland”, afirmó el funcionario.
Hasta allí, continuidad.
Pero inmediatamente incorporó un elemento que no forma parte de la posición argentina: sostuvo que el Reino Unido, al que calificó como un “país amigo”, ejerce allí el control desde hace alrededor de 200 años y planteó que cualquier solución debe alcanzarse respetando “la voluntad e interés de las personas involucradas”.
La diferencia no es semántica.
Argentina sostiene que existe una disputa bilateral de soberanía con el Reino Unido y rechaza que la controversia pueda resolverse mediante el principio de autodeterminación de los habitantes actuales de las islas. Las resoluciones internacionales sobre Malvinas han llamado reiteradamente a ambos gobiernos a negociar una solución pacífica de la disputa.
Comercio con Punta Arenas
La segunda diferencia es todavía más concreta.
Barros Tocornal defendió el proyecto para establecer una conexión marítima entre Punta Arenas y las islas y sostuvo que la comunidad de Magallanes tiene derecho a desarrollar su actividad comercial.
“No veo ningún inconveniente en que se desarrollen esas actividades”, afirmó.
Es allí donde una discusión histórica sobre soberanía empieza a adquirir consecuencias económicas concretas.
Una conexión regular con Punta Arenas puede convertirse en una vía logística para el archipiélago precisamente cuando vuelve a cobrar relevancia el desarrollo de hidrocarburos en el Atlántico Sur.
El propio ministro reconoció que la exploración petrolera y minera constituye un punto más conflictivo y planteó que deberá analizarse cómo se compatibiliza esa actividad con los compromisos asumidos por Chile.
Un compromiso firmado hace apenas tres meses
La posición resulta especialmente llamativa por su proximidad con otro pronunciamiento del propio Gobierno chileno.
El 30 de junio, José Antonio Kast participó de la Cumbre del Mercosur en Asunción, donde Chile y los demás Estados asociados reiteraron expresamente su respaldo a los “legítimos derechos de la República Argentina en la disputa de soberanía relativa a la Cuestión de las Islas Malvinas”.
Ahora Barros Tocornal relativizó el peso de esos compromisos al señalar que son de naturaleza política y “no obligatorios legalmente”.
Y hay un antecedente todavía más reciente.
El 3 de septiembre, Milei y Kast se reunieron en Santiago y firmaron una declaración conjunta que volvió a incluir la cuestión Malvinas dentro de la agenda bilateral.
Por eso, el problema que abren las declaraciones del ministro chileno no consiste en un retiro formal del apoyo a la Argentina.
Es más complejo.
Chile puede continuar respaldando diplomáticamente la existencia del reclamo argentino y, al mismo tiempo, comenzar a desarrollar una interpretación diferente sobre qué relaciones económicas está dispuesto a mantener con las islas y cuánto condicionan esos vínculos los compromisos políticos asumidos con Buenos Aires.
Y ahí aparece Sea Lion.
Si la actividad petrolera avanza, la discusión dejará de limitarse a declaraciones diplomáticas. Habrá necesidad de puertos, transporte, abastecimiento y servicios.
En ese escenario, la pregunta será menos retórica: hasta dónde llega en la práctica el respaldo chileno a la Argentina cuando los intereses económicos de Magallanes empiezan a mirar hacia las islas.
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