El riesgo país trepó a 511 puntos y encendió señales de alerta
El indicador cerró en 511 puntos, su nivel más alto en casi tres meses. Desde comienzos de julio aumentó más de 100 puntos, mientras los mercados emergentes permanecieron prácticamente estables. La debilidad de la actividad, las dudas sobre el esquema monetario y un mayor riesgo político de cara a 2027 aparecen detrás del deterioro.
El riesgo país argentino volvió a superar la barrera de los 500 puntos y cerró este martes en 511, el nivel más alto en casi tres meses. Pero el dato que encendió las alertas no es solamente la magnitud de la suba: Argentina comenzó a despegarse claramente del comportamiento del resto de los países de la región.
El 7 de julio, el indicador elaborado por JP Morgan había descendido hasta 403 puntos, uno de sus valores más bajos de los últimos ocho años. Desde entonces escaló 108 puntos hasta llegar a 511. En ese mismo período, el promedio latinoamericano apenas se movió y el correspondiente a los mercados emergentes prácticamente permaneció sin cambios.
La diferencia se vuelve todavía más evidente al mirar agosto. Entre el 3 y el 18, el riesgo país argentino pasó de 413 a 511 puntos: aumentó 98 puntos. El Salvador y Paraguay, los países que más subieron después de Argentina, lo hicieron apenas seis puntos; Brasil aumentó cinco, Colombia y Uruguay cuatro y Ecuador dos. Bolivia, incluso, redujo su indicador en 23 puntos.
Por eso, aunque el escenario internacional se volvió menos favorable, los analistas consideran que no alcanza para explicar el movimiento argentino. “El movimiento argentino es idiosincrático. Somos nosotros”, resumió Nery Persichini, de GMA Capital.
Una economía que no termina de reaccionar
Uno de los factores que empezó a pesar sobre los bonos es la debilidad de la actividad económica.
El consumo continúa mostrando dificultades, mientras sectores como la construcción, la industria y el comercio permanecen rezagados. En contrapartida, minería, agro y energía exhiben mejores resultados, pero su participación no alcanza para impulsar por sí sola al conjunto de la economía.
Los primeros indicadores de julio reforzaron esa preocupación: la producción automotriz cayó 5,4% mensual, los despachos de cemento retrocedieron 4% y los patentamientos de vehículos disminuyeron 17,7% respecto del mes anterior.
Incluso desde el Gobierno comenzaron a reconocer el problema. El ministro de Economía, Luis Caputo, habló de la necesidad de “reactivar” la economía, mientras el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, admitió que la actividad “crece menos de lo esperado”.
El mercado también empieza a observar qué ocurrirá con el empleo y los ingresos. Según Barclays, excluyendo agro y minería, la actividad permanece prácticamente estancada respecto de noviembre de 2023, mientras los salarios formales reales se encuentran 7% por debajo del primer semestre de aquel año y el empleo formal cayó 3,5% frente al último trimestre de 2023.
La inflación tampoco terminó de dar la señal esperada
A la actividad se suma una inflación que todavía encuentra dificultades para perforar determinados niveles.
El IPC de julio fue de 2,1%, por encima del 1,9% registrado en junio, y llevó la variación interanual al 33,8%.
Aunque el dato estuvo dentro de las previsiones del mercado, interrumpió la desaceleración observada durante los meses anteriores. La preocupación pasa ahora por la capacidad de los salarios para recuperar poder adquisitivo y, como consecuencia, por la posibilidad de que el consumo vuelva a crecer.
El mercado empezó a mirar 2027
Otro cambio importante es político. Los inversores comenzaron a recalcular el escenario electoral de 2027.
Hasta hace pocas semanas, los precios de los bonos incorporaban expectativas muy favorables para el Gobierno. Ahora los analistas detectan una corrección de esas expectativas ante el deterioro de algunos indicadores de confianza, las dificultades económicas y los últimos movimientos en el Congreso.
El punto es relevante porque la preocupación ya no pasa exclusivamente por el equilibrio fiscal o la inflación. Actividad, empleo, salarios y consumo empiezan a incorporarse a la ecuación política de cara a las próximas presidenciales.
Dudas sobre el manejo monetario
El mercado también encuentra dificultades para interpretar la política monetaria.
En las últimas semanas, el Banco Central y el Tesoro modificaron la forma de administrar la cantidad de pesos en circulación. El manejo diario de los depósitos del Tesoro en el BCRA comenzó a utilizarse como herramienta para regular la liquidez.
Para algunos analistas, esto volvió menos previsible el esquema, porque no queda claro cuánto de las decisiones apunta a restringir pesos, ordenar las tasas de interés o contener movimientos del dólar.
Esa falta de claridad agrega cautela a un mercado que ya comenzó a reducir posiciones argentinas.
El contexto internacional influye, pero no explica todo
También hubo un escenario externo menos favorable. El aumento de las tasas de largo plazo en Estados Unidos encareció el financiamiento para los mercados emergentes y los bonos argentinos suelen reaccionar con mayor intensidad frente a esos movimientos.
Sin embargo, la magnitud del deterioro argentino supera ampliamente la registrada entre sus pares. Incluso comparando al país con economías latinoamericanas que poseen calificaciones crediticias similares, Argentina mostró el mayor deterioro relativo.
Además, los bonos argentinos son altamente líquidos, por lo que suelen ser de los primeros activos que venden los fondos internacionales cuando buscan reducir rápidamente su exposición al riesgo. Pero tampoco ese factor técnico parece suficiente: analistas consultados señalaron que la caída fue demasiado pronunciada para atribuirla exclusivamente al contexto internacional o a cuestiones de liquidez.
Volver a los mercados se aleja
La consecuencia inmediata es importante para el Gobierno.
La reducción del riesgo país es una condición central para que Argentina pueda volver a financiarse voluntariamente en los mercados internacionales. Cuando el indicador se acercó a los 400 puntos en julio, esa posibilidad parecía más cercana.
Con el regreso por encima de los 500, el objetivo volvió a alejarse.
No significa que el mercado esté anticipando una crisis inmediata. De hecho, el buen desempeño exportador reduce, según los analistas, las posibilidades de una corrida cambiaria en el corto plazo. La señal que están enviando los bonos parece mirar más hacia adelante: qué economía y qué escenario político encontrará Argentina cuando ingrese de lleno en el año electoral.
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